Un Ritual lleno de Pasion y Amor

"Te reclamo como mi compañera. Te pertenezco. Te ofrezco mi vida. Te doy mi protección, mi fidelidad, mi corazón, mi alma y mi cuerpo. Tu vida, tu felicidad y tu bienestar serán lo más preciado y estarán por encima de todo siempre. Eres mi compañera, unida a mí para toda la eternidad y siempre bajo mi cuidado”



viernes, 24 de junio de 2011

REUNION OSCURA/ESCENA ELIMINADA 1

Escena suprimida del libro Reunión Oscura

Dimitri y Skyler

Skyler echó un vistazo por la habitación y se encontró con la abrazadora mirada de unos ojos azules brillantes. Su corazón se agitó en respuesta. Quería apartar la mirada, pero ella sólo podía permanecer hipnotizada, sintiendo el calor de su mirada, y ver esa hambre poderosa en las profundidades de sus ojos. Su garganta se quedo sin aliento  y se llevó la mano al colgante  oculto bajo su blusa. Ella lo sacó y envolvió sus dedos alrededor del pequeño lobo de ojos azules, sosteniéndolo en la palma de su mano. Al mismo tiempo, este  se hacía más cálido, y para su sorpresa, sintió los labios de pensionar en el centro exacto de la palma de su mano.

Ella no pudo abrir la mano y mirar hacia otro lado.  Sólo pudo mirar con impotencia cómo el hombre se levantó con elegancia, desde el taburete de la barra y se abrió camino por la habitación directo a  ella. Se movió sin prisa, sus músculos se ondularon, fluidos y elegantes, cada línea de su cuerpo exudaba poder. Su largo pelo negro estaba peinado hacia atrás, lo que acentuaba los rasgos esculpidos de su cara, la mandíbula fuerte y masculina. Su mirada se dirigió a su boca y luego saltó de nuevo a sus  fríos ojos glaciares. En cada parte donde sus ojos la miraban con aquel color extraño, su piel ardía.

Dimitri le tendió la mano.

-.Un pequeño baile. Nada más. Tendré algo que perdurara en mi, mucho tiempo.

Skyler pudo ver la soledad sombría en sus ojos, pero su rostro era una máscara inexpresiva. Ella dudó,  pero tenia ganas de darle ese único regalo. Era Navidad, después de todo, y él no estaba pidiendo mucho de ella.

-Se me hace difícil tocar a la gente-admitió.-Puedo sentir sus emociones y conocer sus pensamientos. Es incómodo.  

-Me ocupe de curar tus manos antes, Skyler, y  no tuviste ningún problema. Puedo bloquearte sin demasiado esfuerzo y  se que bien vale la pena.  

Mantuvo la mano, con su palma hacia arriba, simplemente esperando por ella. Su mirada atractiva que nunca dejo la de ella. Se acercó al calor de su cuerpo. A su alrededor, la gente se agolpaba cerca, pero Skyler no era consciente de nadie más que de él. Agarrando el colgante como si fuera un amuleto capaz de romper hechizos, un talismán sagrado. El pulgar acarició la cabeza del lobo, se deslizo sobre la cabeza peluda para acariciar los ojos azules. Los zafiros eran exquisitos, impecables y pequeños, un hallazgo raro hecho por un llamador de gemas siglos antes, al igual que el propio colgante. Ella sintió su poder, su protección hacia todos, menos hacia este hombre.

Sus dedos lo tocaron. El calor se deslizó por su brazo, enroscándose en la boca del estómago y se extendió por su cuerpo hasta que se volvió vergonzosamente caliente. Antes de que pudiera apartar su mano hacia atrás, sus dedos se cerraron sobre los suyos y con una ternura que le robó el aliento, la atrajo hacia él, tan cerca, que  su cuerpo rozaba el suyo. Se sentía caliente. Duro. Seguro. Peligroso. Todo en uno.

Skyler tragó saliva y se trasladó con él, su corazón latía tan fuerte que retumbó en sus oídos.

-Relájate-le sopló la palabra en su oído, su aliento era una burla para sus sentidos, sus labios rozaron la oreja. -No te voy a seducir, pequeña, sólo bailare contigo.-

Pero él podía seducirla. Skyler lo reconoció en el momento que estuvo en sus brazos. Su cuerpo ya no le pertenecía. Los  brazos de Dimitri se sentían como un refugio seguro, pero su cuerpo reaccionó con una urgente necesidad. Era imposible controlar su respuesta a él. A pesar de sus protestas, a pesar de sus temores, se dio cuenta de que este hombre estaba en control de algo más que su propio destino, ella lo controlaba. El hizo más que tratarla con gentileza, como que estaba haciendo- ella podía estar perdida, presa de  la atracción magnética de las compañeras eternas, la necesidad de estar con él sin importar lo que sintiera- no importar el costo personal. No necesitaba amarlo, pero tenía que estar con él.

Se llenaron de lágrimas sus ojos. Sus dedos se deslizaron por su cabello, acerco su cabeza contra él, así que su reacción fue protegerla con su pecho, para que las lágrimas cayeran sobre su camisa y no corríeran por su rostro.

No nos hemos unido. -Su voz, suave terciopelo, susurró en su mente. Estás a salvo, incluso de mí, Skyler.

Ella sacudió la cabeza. ¿Cómo podía estar seguro? ¿Cómo podia vivir con ella misma,  a sabiendas de que el sufriría a causa de sus deficiencias? Dimitri vivía en un mundo de violencia y que era verdaderamente un hombre peligroso. Sin embargo, con ella, él era tan gentil y amable. Pero esto no era real. Debajo de la capa civilizada, ella vislumbraba a un hombre muy temible, que confiaba en un mundo donde la supervivencia era realmente de los más aptos. En un mundo de matar o morir, en el cual el se sentía cómodo y en el que ella nunca podría estar.

Olvida el pasado y el futuro. Vive conmigo ahora, en este momento.

La tentación se filtró en su mente y en su corazón. Dimitri la rodeo, con  sus brazos, sujetándola con cuidado, el cuerpo de ella se movió  con un ritmo elegante. Skyler tomó aire y lo suelto, se dejó caer en él, en su calor y en su cuidado.
 
  Traduccion: Mary Luce

Book Trailers de Depredador Oscuro

Ya falta cada vez menos para que salga al mercado el proximo libro de los Carpatianos; mas presisamente el libro de Zacarias de la Cruz. El trailer no dice mucho, pero (si prestan atencion) veran esas escenas que tanto amamos de estas parejas tan pacionales. Esperemos que luego del 6 de Septiembre el libro este traducido pronto.

viernes, 17 de junio de 2011

DEPREDADOR OSCURO/CAPITULO 1



CAPITULO 1

El humo quemó sus pulmones. Este se elevó a su alrededor en rugientes ondas, alimentadas por los numerosos fuegos en la selva  circundante. Había sido una larga, y reñida batalla, pero había terminado, y él lo había hecho. La mayor parte de la casa principal había desaparecido, pero ellos habían logrado salvar las casas de las personas que les servían. Pocas vidas se habían perdido, pero cada una fue lamentada - pero no por él. Miró fijamente las llamas con ojos huecos. No sintió nada. Él miró las caras de los muertos, los hombres honorables que habían servido bien a su familia, vio a sus viudas llorosas y a sus niños que gritaban y él no sintió - nada.
 Zacarías de La Cruz hizo una pausa, apenas un momento para examinar el campo de batalla. Donde antes la selva había sido exuberante, árboles que llegaban a las nubes, el hogar de la vida silvestre, ahora había llamas que llegaban hasta el cielo y  humo negro manchando el cielo. El olor de la sangre era abrumador; cuerpos muertos, destrozados que miraban fijamente con ojos ciegos el cielo oscuro. La visión no lo movió. Él examinó todo-como  a distancia-con una mirada despiadada.
No importaba donde, o en cual siglo, la escena era siempre la misma, y durante los largos y oscuros años, él había visto tantos campos de batalla que había perdido la  cuenta. Tanta muerte. Tanta brutalidad. Tanta matanza. Tanta destrucción. Y él estaba siempre justo en el medio de ella, un torbellino, un oscuro depredador, sin piedad, despiadado e implacable.
 La sangre y la muerte fueron selladas en sus mismos huesos. Él había ejecutado a tantos enemigos de su pueblo durante cientos de siglos, él no sabría como existir sin la caza - o la matanza. No había  otra forma de vida para él. Él era el depredador puro y había reconocido aquel hecho hacía mucho tiempo - como a cualquiera que se atreviera a  acercarse a él.
Él era un cazador Cárpato legendario, de una especie de gente casi extinta, viviendo en un mundo moderno, cumpliendo con las viejas maneras del honor y el deber. Su clase gobernó la noche, dormía durante el día y necesitaba sangre para sobrevivir. Casi inmortales, vivían largas existencias, solos, el color y emoción se descoloraban hasta que solamente el honor los mantenían en la trayectoria elegida buscando a la mujer que podría completarlos y restaurar el color y la emoción. Muchos se rindieron, matando mientras se alimentaban para -apenas sentir algo-convirtiéndose en el más vil, la criatura más peligrosa conocida – El Vampiro. Igual de brutal y violento como los no muertos, Zacarías De La Cruz era un amo cazándolos.
La sangre corría sin cesar de sus numerosas heridas, y el ácido venenoso lo quemaba hasta sus huesos, pero él sintió  que la calma se escabullía dentro de él, cuando se volteó y empezó a andar silenciosamente alejándose. Los fuegos rabiaron, pero sus hermanos podrían extinguirlos. La sangre ácida del ataque de vampiro empapaba la tierra que con un gemido, protestaba, pero otra vez, sus hermanos buscarían aquel veneno vil y lo erradicarían.
 Su viaje duro, brutal había terminado. Finalmente. Más de mil años viviendo en un mundo vacío, gris, él había logrado todo que se había propuesto hacer. Sus hermanos estaban a salvo. Cada uno de ellos tenía una mujer que los completaba. Eran felices y saludables, y él había eliminado la peor amenaza para ellos.  Para el momento en que sus enemigos se multiplicaran de nuevo, sus hermanos serían aún más fuertes. Ellos no necesitaban más su dirección o protección. El era libre.
¡Zacarías! Usted necesita curación. Y sangre.
Era una voz femenina. Solange, la compañera de Dominic, su mejor amigo, con su pura sangre real, cambió sus vidas para siempre. Él estaba condenado, era demasiado viejo, demasiado apegado a sus maneras, y oh, tan cansado de hacer siempre el tipo de cambios que se requerían para seguir viviendo en este siglo. Se había hecho anticuado como los guerreros medievales de hace tiempo. El sabor de la libertad era metálico, cobrizo, su sangre  fluyendo, la esencia misma de la vida.
"Zacarías, por favor." Hubo un temblor en su voz, que debería haberlo afectado, pero no lo hizo. No sentía como los demás podían. No se balanceaba entre la compasión, el amor o ternura. No tenía un lado más amable, más apacible. Él era un asesino. Y su tiempo había terminado.
La sangre de Solange era un regalo increíble para su gente; él reconoció eso incluso aunque él lo rechazara. Su consumición le dio a los Cárpatos la capacidad de caminar bajo el sol. Los Cárpatos eran vulnerables durante las horas de luz del día-especial él. Cuanto más  depredador,  más asesino, más la luz del sol era un enemigo. La mayor parte de su gente lo consideraba como el guerrero Cárpato que caminaba al borde de la oscuridad, y él sabía que era cierto. La sangre de Solange le había dado esa  última y definitiva razón para liberarlo de su oscura existencia.
Zacarías tomó otra bocanada de aire lleno de humo y siguió caminando, lejos de todos ellos sin mirar hacia atrás o reconocer la oferta de Solange.
Él oyó a sus hermanos que le llamaba alarmados, pero él siguió caminando, cogiendo el paso. La libertad estaba lejos y él tenía que llegar. Lo había sabido, cuando arranco el corazón del último de los vampiros atacantes que habían tratado de destruir a su familia, que sólo había un lugar al que quería ir. No tenía sentido, pero eso no importaba. Él iba.
"Zacarías, detente".
Alzó la vista cuando sus hermanos cayeron del cielo, formando una pared sólida frente a él. Los cuatro. Riordan, el más joven. Manolito, Nicolás y Rafael. Eran hombres buenos y casi podía sentir su amor por ellos, -tan difícil de alcanzar- tan fuera de su alcance. Le cerraron el paso, bloqueando su objetivo, y nada, ni nadie- jamás - le permitió meterse entre él y lo que quería. Un gruñido retumbó en su pecho. El suelo se estremeció bajo sus pies. Ellos intercambiaron una mirada inquieta, el temor brillando en sus ojos.
Esa mirada de miedo tan intenso de su propio hermano debería haberlo detenido, pero no sentía nada. Él les había enseñado a estos cuatro hombres las destrezas de la lucha, sus habilidades de supervivencia. Había luchado junto a ellos durante siglos. Los había cuidado. Guiado. Una vez incluso tuvo recuerdos de su amor por ellos. Ahora que él podía hacer caso omiso de su responsabilidad- no quedaba nada. Ni siquiera los recuerdos borrosos para sostenerlo. No podía recordar el amor o la risa. Sólo la muerte y el asesinato.
"Muévanse". Una palabra. Una orden. Él esperaba que ellos obedecieran como todos lo obedecían. Había adquirido riqueza inimaginable en sus largos años de vida y en los últimos siglos no hubo una vez que tuviera que comprar su camino dentro o fuera de algo. Una palabra suya bastaba y el mundo temblaba y se apartaba de sus deseos.
A regañadientes, demasiado lento para su gusto, se separaron para permitir que pasara.
"No hagas esto, Zacarías", dijo Nicolás. "No te vayas".
"Por lo menos sana tus heridas", añadió Rafael.
"Y aliméntate," presionó Manolito. "Tienes que alimentarte".
Él se dio la vuelta y ellos perdieron terreno, el miedo deslizándose en sus los ojos y sabía que tenía razón para tener miedo. Los siglos lo habían convertido  en un violento y afilado depredador-una brutal máquina de matar. Había pocos que lo igualaran en el mundo. Y caminaba al borde de la locura.
Sus hermanos eran grandes cazadores, pero para matarlo requerirían de considerables habilidades y ninguna duda. Todos ellos tenían compañeras. Tenían emociones. Amaban. Él no sentía nada y tenía la ventaja.
Él ya se  había despedido, había dejado su mundo, desde el momento que les dio la espalda y se había permitido la libertad de dejar de lado sus responsabilidades. Sin embargo, sus caras talladas con líneas profundas de dolor lo detuvieron por un momento.
 ¿Cómo sería sentir el dolor tan profundamente? ¿Sentir amor? Sentir. En los viejos días, él habría tocado sus mentes y habría compartido con ellos, pero ya que ellos tenían compañeras, él no se atrevió a correr el riesgo de corromper a uno de ellos con la oscuridad en él. Su alma no estaba todavía en pedazos. Él había matado demasiado a menudo, se distanció de todo lo que le era querido para proteger mejor a aquellos a quien amaba. ¿Cuándo alcanzó el punto de que ya no podía con seguridad tocar sus mentes y compartir sus memorias? Había sido hace tanto tiempo que ya no lo podía recordar.
"Zacarías, no hagas esto", declaró Riordan, el rostro contraído con el mismo dolor profundo que había en cada una de las caras de sus hermanos.
Habían sido su responsabilidad durante demasiado tiempo, y él no podía irse sin darles algo. Se quedó allí un momento, por completo solo, la cabeza erguida, los ojos ardientes, el pelo largo y suelto a su alrededor mientras que la sangre goteaba constantemente por el pecho y sus muslos. "Les doy mi palabra de que no tendrán que darme caza. "
Era todo lo que tenía para ellos. Su palabra de que no se volvería vampiro. Poder descansar era lo que estaba buscando, el descanso final a su manera. Se dio la vuelta alejándose de ellos-de la comprensión y alivio en sus rostros, y una vez más comenzó su viaje. Tenía que alejarse si quería llegar a su destino antes del amanecer.
"Zacarías", llamó Nicolás. ¿A dónde vas?
La pregunta le dio que pensar. ¿Dónde iba? La compulsión era fuerte, una imposible de ignorar. En realidad aminoró el paso.
¿Dónde iba? ¿Por qué la necesidad era tan fuerte en él, cuando no sentía nada? Pero había algo, una fuerza oscura que lo conducía.
"Su su- casa." Susurró la palabra. Su voz arrastrada por el viento, con ese tono bajo que resonaba en la tierra bajo sus pies. "Voy a casa".
"Esta es tu casa", dijo Nicolás con firmeza. "Si buscas descansar, nosotros respetaremos su decisión, pero aquí con nosotros. Con su familia. Esta es su casa ", reiteró.
Zacarías negó con la cabeza. Era conducido a salir de Brasil. Tenía que estar en otro lugar y tenía que irse ahora, mientras todavía había tiempo. Ojos tan rojos como el fuego, el alma negra como el humo, el cambió llegando de forma de una gran águila arpía.
¿Usted va a las montañas de los Cárpatos? Nicolás exigió a través de su vínculo telepático. Voy a viajar con usted.
No. Voy a casa a donde pertenezco-solo. Tengo que hacer esto solo.
Nicolás le envió calor, lo envolvió en el. Kolasz que arwa-arvoval-a muere con honor. Había tristeza en su voz, en su corazón, pero Zacarías, aunque lo reconoció, no pudo hacerse eco de la sensación, ni siquiera un pequeño matiz.
Rafael habló en voz baja en su mente. Arwa-arvo olen isäntä, Ekam-que el honor te mantenga, mi hermano.
Kulkesz arwa-arvoval, Ekam camina con honor, mi hermano, Manolito añadió.
Arwa-arvo olen gæidnod susu, Ekam-que el honor te guíe a casa, mi hermano, dijo Riordan.
Había pasado mucho tiempo desde que había oído hablar en la lengua nativa de su pueblo. Hablaban las lenguas y dialectos de donde quiera que fueran. Habían tomado nombres, se había mudado de país a país, incluso apellidos, cuando los Cárpatos nunca tenían  nombres como esos. Su mundo había cambiado tanto con el tiempo. Siglos de  transformación, siempre adaptándose para encajar, y sin embargo nunca nada cambiaba cuando su mundo era todo acerca de la muerte. Por fin él se iba a casa.
Esa simple declaración significaba todo y nada. No había tenido una casa en más de mil años. Era uno de los más antiguos, sin duda uno de los más mortíferos. Los hombres como él no tenía casa. Pocos le darían la bienvenida en su hoguera, y mucho menos en su hogar. Entonces, ¿cuál casa? ¿Por qué había utilizado esa palabra?
Su familia se había establecido en ranchos en los países que patrullaban a lo largo de la Amazonia y de los otros ríos que lo alimentan. Su rango se extendía y cubría miles de kilómetros, por lo que era difícil de patrullar, pero habían establecido una relación con varias familias humanas,  diversas casas siempre estaban preparadas para su llegada. Él iba a una de tales casas sin  tener que cubrir largas millas antes del amanecer.
Su rancho peruano estaba situado en el borde de la selva tropical, a pocos kilómetros de distancia de donde los ríos forman una Y y se vertían en el Amazonas. Incluso esa zona fue cambiando poco a poco en los últimos años. Su familia había aparecido en la zona con los españoles, con nombres arreglados, indiferentes de la forma en que sonaban, poco le importaba a los Cárpatos como eran llamados por los demás, sin saber que pasaría siglos en la zona - Que se harían más familiar para ellos que su tierra natal.
Zacarías miró hacia el dosel de la selva, mientras volaba. Esto, también, estaba desapareciendo, un avance lento y constante que no entendía.
Había muchas cosas acerca de los tiempos modernos que no entendía-y realmente-, ¿qué importaba? Ya no era su mundo o su problema.
La compulsión que lo conducía lo desconcertó más que las respuestas de los ambientes en desaparición. Poco despertaba su curiosidad, sin embargo, esta abrumadora compulsión de volver a un lugar en el que había estado un par de veces era inquietante en algún nivel. Debido a que la compulsión era una necesidad y él no tenía necesidades. Era abrumadora y a él nada lo abrumaba.
Las pequeñas gotitas de sangre cayeron en las nubes húmedas que emergían alrededor, y sobre los árboles dispersos que sobrepasan el dosel en sí. Bajo, él podía sentir el miedo de los animales a su paso. Debajo de él una banda de Douroucoulis, muy pequeños monos nocturnos, saltaban y realizaban asombrosas acrobacias en las capas  medias de las ramas cuando paso por encima. Algunos se alimentaban de fruta  e insectos mientras otros vigilaban a los depredadores. Normalmente darían un grito de alarma tan pronto como el águila arpía fuera descubierta, sin embargo, al pasar sobre la familia de los monos había un completo y misterioso silencio.
Él sabía que no era la amenaza de vuelo de la gran ave en lo alto lo que hizo que el bosque estuviera tan tranquilo. El águila arpía se quedaba en las ramas, a menudo por largas horas por vez esperando la comida correcta. Alcanzaría una gran altura y rápida súbitamente bajaría a una velocidad impactante y arrebataría una pereza o un mono de los árboles, pero él, en general, no cazaba en vuelo. Los mamíferos se ocultaron, pero las serpientes levantaron sus cabezas a su paso. Los centenares de arañas del tamaño de un plato llano se arrastraron a lo largo de las ramas, emigrando en la dirección que él volaba. Los insectos se levantaron por millares a su paso.
Zacarías había utilizado los signos que marcaban  la oscuridad en él. Incluso cuando era un joven en los Cárpatos, había sido diferente. Su capacidad de lucha era natural, criada en él, casi impresa antes de nacer, sus rápidos reflejos, su cerebro que  trabajaba rápidamente. Él tenía la capacidad para evaluar una situación con la velocidad del rayo y llegar a un plan de batalla al instante. Mataba sin vacilar, incluso en sus primeros días, y sus ilusiones eran prácticamente imposibles de detectar.
La oscuridad era profunda, una sombra en su alma; mucho antes de que hubiera perdido sus emociones y el color y estos, los había perdido mucho antes que otros tantos de su edad. Él cuestionaba todo. Y a todo el mundo. Pero su lealtad a su príncipe y a su pueblo era inquebrantable lo que le había ganado el odio de su mejor amigo.
Voló con alas fuertes y rápidas a través de la noche, haciendo caso omiso de las heridas y de su necesidad de sangre. Al cruzar la frontera se dejó caer más bajo en la canopia, sintió el tirón de la compulsión  crecer. Necesitaba estar en su rancho del Perú. Simplemente lo necesitaba. El bosque se extendía bajo él, una oscura maraña de árboles y flores, el aire pesado con la humedad. Musgos y lianas colgaban como largas barbas sueltas, llegando casi al acuoso fondo de los arroyos y cañadas. Helechos enredados competían por el espacio, arrastrándose sobre largas raíces expuestas en el oscuro suelo debajo de él.
El águila arpía se dejó caer a través de ramas cubiertas de flores, lianas y todo tipo de insectos escondidos en la maraña de la vegetación. Lejos, debajo de él escucho el suave llamado de una rana de árbol llamando a un compañero y luego una más gruesa,   muchos más sonidos chirriantes se sumaron al coro. Un trino casi electrónico se unió a la sinfonía cuando miles de voces diferentes se elevaron en un crescendo yendo abruptamente a un silencio poco natural, escalofriante cuando el depredador se acercó, y luego de pasar por encima.
El cielo oscuro de la noche giro a un suave color gris paloma cuando el alba entró sin ser sentido, escabulléndose el reinado poderoso de la noche. El águila arpía se dejó caer en el pabellón bajando en espiral en el claro donde la casa de rancho estaba situada. Con su visión aguda él podría ver al río correr como una cinta gruesa que  dividía la tierra. Cuestas apacibles cedieron el paso crestas empinadas, barrancos profundos que cortan por el bosque. Árboles y vegetación serpenteaban a través del rocoso suelo, un enredo oscuro crecía determinado a reclamar lo que había sido tomado.
Limpias vallas  dividían las cuestas y mientras el pájaro volaba sobre los barrancos y los valles, cientos de ganado se veían como puntos en las praderas. A medida que la sombra del ave pasaba sobre ellos, levantaban la cabeza con agitación, temblando, golpeándose entre sí mientras se movían hacia atrás y hacia delante tratando de encontrar el peligro que olían.
El águila voló sobre varios campos, y al menos un acre de jardines, todo bien atendido como Zacarías había llegado a esperar de la extensa familia que le servía. Todo estaba limpio y su conservación era meticulosa, todas las tareas hechas con su mejor habilidad. Pastos y campos dieron paso a los grandes corrales donde los caballos se volteaban y levantaban la cabeza con inquietud mientras volaba sobre ellos. Debajo de él, el rancho se presentaba ante él como una imagen perfecta que no podía apreciar.
Cuando se acercaba a la cuadra, una oleada de calor se deslizó a través de sus venas. En el interior del cuerpo del ave, en la que no debería haber sentido nada en absoluto, su corazón dio un tartamudeo desconocido. El extraño aleteo casi lo noquea en el cielo. Naturalmente cauteloso, Zacarías no se fiaba de lo que no entendía. ¿Qué podría enviar el calor que se precipitaba por sus venas? Estaba cansado de la larga batalla, el largo vuelo, y la pérdida de sangre. El hambre palpitaba con cada latido de su corazón, agarrando y rastrillando por la supremacía. El dolor de las heridas que no se había molestado en sanar, rasgaba en él como un martillo neumático siempre presente, perforando a través de sus huesos.
Semanas antes había estado tan cerca de convertirse en vampiro, el deseo de aliviar el vacío era tan fuerte en él, la negrura de su alma sin el menor alivio, que su reacción ahora no tenía ningún sentido. Él estaba en peores condiciones. Hambriento de sangre. Más muertes  manchaban su alma. Sin embargo, aún había una reacción extraña alrededor de su corazón,  el calor pulsando a través de sus venas de anticipación. ¿Un truco entonces? ¿Un atractivo señuelo de un vampiro? ¿Que estaba faltando?
El águila arpía poco a poco dobló sus dos metros de envergadura, sus garras tan grandes como las garras de un oso pardo se clavaron profundamente en el techo del establo, mientras que las plumas en la parte superior de su cabeza, formaron una gran cresta. El gran depredador estaba completamente inmóvil, los ojos afilados se movían sobre el terreno a continuación. Tenía una asombrosa visión dentro del cuerpo de la arpía y su audición se enfocaba aún más por la concentración de las ondas de sonido hecho por las plumas más pequeñas que conforman su disco facial.
Los caballos en el corral a poca distancia reaccionaron a su presencia, sacudiendo las cabezas, moviéndose sin cesar y agrupándose juntos con fuerza. Varios relincharon en señal de peligro. Una mujer salió del establo debajo de él, un gran caballo tras ella. Inmediatamente su mirada se fijó en ella. Tenía el cabello largo hasta la cintura, recogido en una trenza que era tan gruesa como su muñeca. La cuerda larga de pelo atrajo su mirada. Cuando ella se movía, los hilos tejidos brillaban como seda hilada.
Zacarías veía en colores vagos de gris y embotado blanco durante siglos. Su trenza era fascinante porque era un verdadero negro. Él estaba casi hipnotizado por el largo, pelo negro, los hilos que brillaban incluso sin el sol. En algún sitio, alrededor de lo que sería  su vientre, su estómago dio una lenta voltereta. En un mundo donde todo era lo mismo y nada lo movía, la pequeña sensación ascendió como una bomba. Por un momento él perdió su respiración, sacudido por el fenómeno extraño.
El caballo que seguía a la mujer no usaba ninguna silla de montar o freno y una vez que emergió del edificio, comenzó a bailar con  inquietud agitado, sacudía la cabeza, rodaba sus ojos mientras que  circundó a la mujer. Los caballos eran de Paso peruanos criados en línea pura, una casta reconocida no sólo por sus pasos naturales, sino por el temperamento también. La mujer echó un vistazo hacia los caballos que corrían en círculos en corral-era inusual que estuvieran nerviosos-y después levantó una mano para calmar a la mitad de los caballos que se alzaban cerca de ella. Ella puso su mano en su cuello y miraba al águila arpía sentada todavía tan tranquila en la azotea.
Esos ojos color chocolate oscuro penetraron derecho a través de las plumas y los huesos del águila, directamente a Zacarías. Sintió el impacto como una flecha en su corazón. Margarita. Incluso desde la distancia pudo ver las cicatrices en el cuello, donde el vampiro le había arrancado sus cuerdas vocales, porque ella se negó a delatar el lugar de descanso de Zacarías a los no-muertos. Ella una vez había sido una joven despreocupada, o él la había imaginado así, pero ahora, alguien la estaba utilizando para atraparlo.
Todo tenía sentido ahora. La obligación de venir a este lugar, a pensar en él como en casa. ¿Estaba poseída por un vampiro? Sólo un maestro puede tejer y mantener un hechizo juntos, sólo un maestro como sus viejos enemigos, los hermanos Malinov. Los cinco hermanos se habían criado con él. Habían luchado juntos lado a lado durante casi 500 años. Sus amigos habían elegido ser vampiros, renunciaron a sus almas en su sed de poder. Ellos habían elegido reunir a los no-muertos en una conspiración contra el príncipe y el pueblo de los Cárpatos.
Dominic había descubierto el último complot y se quedó para ayudar a defender las propiedades de los De La Cruz en Brasil. Sabiendo que los vampiros probaban su plan de ataque en el rancho antes de golpear al príncipe, Zacarías había estado esperando por ellos. Ningún vampiro se había escapado con vida. No había ninguno que volviera para contar a los Malinov que su plan había fracasado.
Zacarías sabía de la ira de los Malinov y su odio amargo e implacable contra él y sus hermanos. Sí, muy bien podría ser el rembolso por la derrota del ejército Malinov, pero ¿cómo han llegado hasta aquí, antes que él? No tenía sentido, tampoco.
El águila arpía sacudió su cabeza como si se librara de pensamientos perturbadores. No, era imposible para ellos que consiguieran reunir otro ataque tan pronto. En cualquier caso, los caballos apenas toleraban su presencia, ellos nunca permitirían al mal tocarlos y Margarita acariciaba el poderoso cuello.
 No había ninguna posesión.
 Zacarías se preguntó por la extraña sensación en su pecho. Casi alivio. Él no quería tener que matarla, no cuando ella casi había sacrificado su vida por él una vez. Aún era incapaz de sentir,  cualquier emoción en absoluto. ¿Por qué tenía esta agitación extraordinaria en su cuerpo y mente por volver a este lugar? Nada de esto tenía sentido. Dobló su vigilancia, no confiaba en lo desconocido.
El calor se filtraba en el cerebro del ave, la impresión tranquilizadora de un saludo amistoso. El águila arpía reaccionó, ladeo su  cabeza a un lado, su ojos fijos en la mujer. Zacarías sintió al pájaro llegar a ella. Ella fue sutil en su tacto, tan ligero que apenas existía, pero que ejercía un regalo poderoso. Incluso el gran depredador de la selva cayó bajo su hechizo. Sintió que su propia mente y  cuerpo reaccionó y se relajó, la tensión deslizándose lejos. Había llegado más allá del  ave y encontró su parte más animal, a su naturaleza salvaje.
Asustado, se echó hacia atrás, retirando más el cuerpo del águila, al tiempo que miraba de cerca y se volvió su atención en calmar a los caballos. No tardó mucho en calmarlos a tal punto que se quedaron en silencio, pero no dejó de ver al águila, consciente de que había un depredador peor enterrado profundamente dentro del ave.
Margarita rodeó el cuello del caballo y saltó. Fue un movimiento fácil, experto, que parecía fluir a través del aire, todo gracia mientras se deslizaba en el lomo del animal. Inmediatamente el caballo se encabritó, más estaba seguro, debido a su presencia que a que la chica estuviera a horcajadas sobre él.
El aliento de Zacarías quedo atrapado en su garganta. Su corazón se aceleró como  un tambor, otro estruendoso fenómeno peculiar. La gran águila extendió sus alas casi antes de que Zacarías diera la orden. El movimiento era más instintivo que pensado, una necesidad inmediata de llevar a la mujer a la seguridad. Margarita se inclinó sobre el cuello del caballo en una orden silenciosa y el caballo y el jinete fluyeron sobre la tierra en perfecta armonía.
Una vez satisfecho que ella no estaba en el peligro, Zacarías dobló sus alas y miró, sus garras se clavaron más profundo en el techo mientras el caballo saltó sobre una valla y apretó el paso. Ella se mantenía sentada con la espalda recta, el andar elegante del animal, un armónico y rítmico repiqueteo, era tan suave que no afectaba su centro de gravedad, donde Margarita permanecía casi inmóvil.
 Cautivado, Zacarías tocó la mente del caballo. Ella controlaba el animal aunque ella no lo sabía. El caballo la aceptaba, la quería – disfrutando la fusión de sus dos espíritus. Margarita tejió su hechizo sobre el animal sin esfuerzo, sujetándolo a ella con su don-una conexión profunda con la criatura. Ella no parecía darse cuenta de que tenía algo especial;  simplemente disfrutaba de la madrugada y del paseo a caballo por igual.
Entonces, esta era la razón de la agitación extraña en su mente y cuerpo. Su regalo. Ella tocaba todas las cosas salvajes, y él era tan indomable como era posible.
 No había ninguna amenaza de los no muertos, sólo esta joven con su inocencia y luz. Ella debe haber enviado al Caballo de Paso otra orden, porque el animal cambió el paso a un movimiento lleno de gracia, fluido, rotando sus patas delanteras desde hombro hacia el exterior  mientras daba grandes zancadas hacia delante. La cabeza del caballo levantada con orgullo, su melena al vuelo, sus ojos brillantes y la exuberancia en su cada uno de sus movimientos.
 Fue un momento perfecto - el momento perfecto para poner fin a su vida. Ella era - hermosa. Libre. Fluyendo sobre la tierra como agua fresca. Todo por lo que había luchado -todo lo que él nunca había sido. El águila arpía extendió sus alas y se movió en espiral en lo alto, mirando caballo y al jinete mientras ellos cubrían el terreno  increíblemente rápido.
Toda su vida, incluso cuando los soldados luchaban a caballo, aún en su juventud,  hubo algo demasiado depredador en él, para que un caballo le permitiera montar en su lomo. En aquel tiempo él había intentado todo, excepto el control mental - para poderlos montar, pero ningún caballo podía soportarlo. Ellos se estremecían temblando bajo él, incluso cuando trataba de calmarlos.
 Margarita saltaba sin esfuerzo sobre vallas, sin brida o silla, el caballo y la jinete  exudando alegría. Él los siguió mientras el par se precipitaba sobre el terreno desigual, el paso liso del caballo los hacía ver como si flotaban. Margarita alzó ambos brazos al aire mientras saltaban limpiamente una valla, aferrándose al caballo con sus rodillas y dirigiéndolo con su mente.
El Caballo de Paso cambió su paso suavemente mientras ellos corrían a través del campo y él dio vuelta en un amplio círculo otra vez. Margarita dio al águila un amistoso saludo y otra vez, llenó de calor y alegría a Zacarías. Él le había dado su sangre - pero nunca había tomado la suya. Se le hizo la boca agua.
 Sus dientes llenaron su boca y el hambre explotó en él, irradiando  necesidad en cada célula. Él posó al pájaro bruscamente y se dirigió detrás del establo. Rechazó tomar cualquier riesgo con su autocontrol.
Sentirlo antes de que estuviera demasiado cerca de abandonar lo poco que queda de su alma. Él cumpliría la palabra dada a sus hermanos. Ningún Cárpatos tendrá que arriesgar su vida para perseguir a Zacarías de la Cruz. Él eligió su destino, y optó por salvar su honor. Se iba en la madrugada, la cabeza en alto, dando la bienvenida a su muerte. Su última visión sería la de la mujer-viéndola de regreso, a lo que era Margarita de joven con la luz derramándose desde su interior mientras ella fluía sobre terreno en el lomo de un hermoso caballo. Tomaría la visión de ella haciendo lo mismo de su sueños de infancia montando a caballo como uno solo hacia su muerte.
El águila arpía aterrizó con gracia en el suelo junto al establo. Haciendo caso omiso de los caballos aterrorizados en el corral unido a la estructura, cambió de vuelta a su forma humana. Él era un hombre grande, todo músculo, con pelo largo. Con líneas  profundas, talladas en su rostro. Algunos le llamaban brutalmente hermoso.
Otros dijeron que su boca era sensual y cruel. La mayoría decían que era aterrador. Justo en ese momento, se sentía totalmente cansado, tan cansado que apenas podía manejar buscar un lugar a su alrededor para sentarse. Quería quedarse allí, en la hierba fresca.
Obligó a su cuerpo a moverse mientras buscaba un lugar cómodo para sentarse y ver salir el sol sobre el bosque. Muy lentamente se hundió en el suelo blando, sin importarle que la humedad del rocío de la mañana se filtrara en su ropa. Él no se molestó en regular su temperatura más de lo que había molestado en sanar sus heridas. Había satisfacción al tomar su decisión. Por primera vez en su existencia no tenía el peso de la responsabilidad. Él alineó ​​sus rodillas, juntó las manos y apoyó la barbilla en la pequeña plataforma que había hecho para poder ver al caballo y su jinete mientras el Caballo de Paso paseaba suavemente con los pasos  naturales que le hizo tan famoso.
Sintió el sol picando sobre su piel, pero no fue la terrible sensación que había sentido toda su vida. Solange le había dado su sangre en dos ocasiones para salvarlo de convertirse en vampiro. Había tenido mucho cuidado de evitar su sangre una vez que se dio cuenta, de que podía pasar las horas de la madrugada a la intemperie sin repercusiones. Otros de su especie podía ver el amanecer y había algunos que en realidad podía caminar en las calles por la mañana sin la ayuda de Solange, pero con el alma tan oscura, hace mucho se había unido a los vampiros en su necesidad de esconderse de la luz del sol aún el de la madrugada.
Él se bebió con los ojos a Margarita, tan cerca de la felicidad como   un hombre sin emociones pudiera conseguir. Ella había negociado su voz por su vida. Él había recompensado su lealtad salvando su vida y dando instrucciones que le dieran todo lo que quisiera en el rancho. No había joyas adornando sus dedos o garganta. Ella usaba ropa simple. Pero vivía para los caballos, incluso él podría ver eso. Él le había dado a ella-vida. Y de una cierta manera extraña, ella había dado a él- su libertad.
Él era inconsciente del paso de tiempo. Los insectos permanecían en silencio. Los caballos dejaron de dar vueltas y se apiñaron tan lejos de él como les fue posible, en una esquina del corral, fuertemente amontonados juntos, cambiando de lugar, apenas capaz de tolerar su presencia. Despacio su cuerpo reaccionó al sol naciente con la pesada aflicción extraña de su especie.
Zacarías se estiró sobre la tierra, boca arriba, su cabeza girada para ver a Margarita mientras caminaba hacia él. Ahora la luz del sol penetraba su ropa y tocado su piel como un millón de agujas diminutas que perforaban su carne. Torres diminutas de humo comenzaron a elevarse de su cuerpo mientras la combustión comenzaba. Él no podía moverse, pero él no quería hacerlo. Ella era hermosa. Fresca. Inocente. La alegría lo llenaba profundamente a pesar del dolor creciente. Él mantenía sus ojos abiertos, queriendo – no - necesitando ver a Margarita montar para que estuviera en su corazón cuando entrara en su siguiente vida.
 Quizás él la miró demasiado estrechamente, su mirada dibujando la suya, o tal vez el comportamiento extraño de los animales y de los insectos la alertaron, pero ella giró su cabeza y su mirada se encontró con suya. La vio jadear y apretar repentinamente sus rodillas sobre el caballo, instándolo a seguir.
¡No! quédate atrás. No te acerques a mí. Permanece en tu sitio da la vuelta a tu caballo y vete.
 Si hubo una pequeña vacilación que indicara que las palabras se habían forzado en su mente, él no lo captó. El caballo salto sobre la valla y cuando comenzó a temblar de miedo, ella paró el animal y desmontó. El Paso pateó la tierra y ella envió al caballo una mirada con el ceño fruncido, luego agitó la mano hacia el corral. Inmediatamente el peruano Caballo de Paso corrió hacia la valla, la saltó limpiamente y se unió a los otros caballos en una esquina lejana.
 Margarita se acercó a él cautelosamente, del modo en que ella podría acercarse a un animal arrinconado, salvaje, con la mano extendida, la palma hacia él,  moviendo sus labios silenciosamente como si ella no se hubiera acostumbrado suficiente  al hecho que ya no podía hablar. El calor inundó su mente, un bálsamo calmante que le dijo que ella no le haría ningún daño.
Luchó para moverse, pero la maldición del sol estaba sobre él. Ella se acercó, su sombra cerniéndose sobre él, su cuerpo bloqueando la salida del sol. Sus ojos eran oscuros y ricos, mirándolo con una mezcla de miedo y alarma por él.
Déjame. Vete ahora.
 Él empujó la orden en su cabeza, enviando la impresión de un gruñido, de un comando absoluto.
 Margarita se agachó a su lado, tocando su brazo que humeaba, frunciendo el ceño por la preocupación y después alejando su mano, soplando con la punta de sus dedos.
Es mi elección. Déjeme morir. Él no tenía ninguna idea si sus órdenes penetraran. Ella no parpadeó ni lo miró como si lo oyera.
Había sido entrenada desde su nacimiento para obedecer a los miembros de su familia. Seguramente no lo desafiaría. Ella sabía con qué facilidad un cazador de los Cárpatos cerca del borde de la locura podría convertirse en vampiro. Los no-muertos le habían arrancado su garganta. Sintió su mano temblar contra el calor de su brazo. Ella tuvo que haberse quemado los dedos al tocar su piel. Se centró en ella y empujó en su mente con una compulsión para que lo dejara. Había demasiada compasión en ella, era demasiada atrevida al desobedecer a un ser tan poderoso como él.
Su compulsión cayó contra una mente que apenas podía entender. No fue como si encontrara obstáculos-era como si sus técnicas, simplemente se disiparan como el humo.
Se sacó su corta y suave chaqueta, y la arrojó sobre su cabeza, cubriéndole el rostro y los ojos. Él sintió que le tomaba su muñeca y comenzaba a tirar de él a través de los pastos mojados. A su paso las hojas de hierba se volvían marrón. Oyó el siseo del aire al salir de sus pulmones y sabía que su mano se estaba quemando, pero ella no se detuvo.
Por primera vez en los largos siglos una rabia profunda se enrolló y ardió en su vientre, que alguien se atreviera a desafiar sus órdenes directas. Ella no tenía ningún derecho. Lo sabía mejor que nadie. Nadie le desafió, ciertamente, no un ser humano, y definitivamente no  una mujer. Y no uno de los siervos de una familia a la que le había dado toda su protección y riqueza más allá de lo imaginable.
Había escogido la muerte. Se había preparado. Estaba contento con su decisión-abrazado su elección. Esta era la peor clase de traición.
Usted se arrepentirá de su desobediencia, le prometió.
Margarita lo ignoró o no lo oyó. Honestamente no sabía qué, ni le importaba. Ella tendría que pagar. Rocas se clavaban en su espalda, y luego la protuberancia de la madera cuando ella logró meterlo en el establo. El sol dejó de quemarlo vivo, aunque el cosquilleo de las agujas todavía penetraban su piel.
Hábilmente le rodó en una lona, ​​sin quitarle la chaqueta de su cara. Incluso le metió los brazos sobre el pecho antes de rodarlo. Se sentía como un bebé indefenso. La indignidad de la misma, lo malo de sus acciones despertó algo monstruoso en él. Se retiró como el animal salvaje que era, en espera de su momento-y habría un momento. Había conocido el miedo cuando un vampiro le arrancó su garganta, pero no sería nada en comparación con el terror que la venganza de Zacarías de la Cruz  le arrancaría por sus pecados.
Ella trató de enganchar la lona a uno de los caballos, él sabía por el olor y por teclear de los cascos que el animal protestó por su proximidad. Él podría haberle dicho que ningún caballo le permitiría hacerlo en su presencia, pero se mantuvo quieto, ahora solamente esperando el resultado de su error. La falta de la fuerza del caballo  no la disuadió. Él oyó el sonido de sus pasos y luego cuando comenzó a tirar de la lona ella misma. Él sabía que estaba sola por el sonido de su aliento reventado de sus pulmones que se repetían en pequeños jadeos.
Él encontró significativo que ella no pidiera ayuda. Un grito-bien, ella no podría gritar-pero debía tener una manera de atraer la atención. Los varones que trabajaban en el rancho vendría a su ayuda si ella les avisaba, pero debe haber sabido que él les ordenaría  que le permitieran morir-y ellos obedecerían. La feroz quemadura en su vientre creció más ardiente, lo bastante caliente por algunos momentos para que él pensara que se estaba quemado a través de su piel sus órganos internos.
Él no podría ver nada, pero sentía cada golpe de las rocas y el resplandor feroz del sol mientras ella lo arrastraba del establo a la casa de rancho. El calor abrasador era asombrosamente eficaz, expulsando todos los pensamientos sanos hasta que él quiso gritar de agonía. Vino gradualmente, un proceso lento de carbonización que se filtraba a través de su piel y el tejido óseo.
Zacarías trató de apagar el dolor como lo había hecho durante siglos, pero la quemadura del implacable sol era algo que no podía compartimentar cuando presentaba tantas otras heridas. Incluso con la lona envuelta a su alrededor, sintió el fuego penetrante como flechas ardientes que picaban su cuerpo. El calor hervía su sangre y las llamas lamían en su interior. No podía gritar, protestar, o hacer otra cosa que ser arrastrados por el patio de lo que presumía era la casa del rancho.
Margarita resopló fuerte cuando tomó su peso completo encima de los dos escalones que llevan adentro. En el momento en que estuvo dentro de los frescos y gruesos muros, dejó caer el arnés y se precipitó en la habitación. Podía oírla tirar de las cortinas gruesas del lugar, cubriendo las ventanas.
Usted va a sufrir como nadie más ha sufrido por su desobediencia, prometió, empujando las palabras en su cerebro.
Una vez más tuvo la impresión de que sus palabras caían por unas grietas, como si ella no pudiera comprender lo que le había dicho, pero eso no importaba. Él esperó a que con mucho cuidado, desenrollara la lona y cuando los bordes se abrieron, le espetó con sus oscuros ojos abiertos y trabó su mirada con la de ella. Un silbido largo y lento se escapó, una promesa de una represalia brutal, y no hubo  duda alguna de su significado.

DEPREDADOR OSCURO/ARGUMENTO

Aqui les traigo como antiicpo la sinopsis del proximo libro de los carpatianos y le toca el turno al enigmatico Zacarias de la Cruz. Fecha de publicacion 06 de septiembre 2011.


ARGUMENTO

Tan brutal como los no-muertos que cazaba, Zacarías de la Cruz fue un verdugo,un maestro cazador . Durante largos y oscuros siglos, se sumergió en tantas batallas, que la borrosa línea sin fin del mal que poblo su vida , endureció el alma de este depredador oscuro, despiadado, cruel e implacable.

Ahora, su crudo y salvaje viaje ha terminado. Después de mil años en un mundo gris, ha logrado todo lo que se propuso hacer. Sus hermanos estan protegidos. Cada uno, había encontrado a una mujer que los completaba. Y ellos ,ahora estaban en paz.
Para sus hermanos, Zacarías había caminado en el borde de la locura ,durante siglos siendo una máquina de matar. Ahora sin las responsabilidades que lo ataban en el pasado y sin una cacería para definirlo, Zacarías se pregunta, por primera vez en su vida, que es él en realidad.

La respuesta le espera de regreso a casa en Perú , en la traición de una mujer que está preparando su trampa, en la venganza de un viejo enemigo, en las consecuencias inevitables de un legado familiar de sangre, y en la liberación de una compañera que nunca se podría haber imaginado.

jueves, 16 de junio de 2011

PORTADAS DE AUDIO LIBROS DE CHRISTINE FEEHAN

Busacando en la web, imagenes de los Carpatianos, me tope con estos Audiolibros y sus representaciones graficas de las novelas. ¿Ques les parece? ¿Se parecen en algo a los personajes?¿Les hacen justicia?
A mi encataron las mayoria, mas que algunas portadas de sus libros.
Comenten y den su opinion!!

                                                                        MIKHAIL
                                                                      JACQUES
                                                                            AIDAN
                                                                    GREGORI
                                                                            JULIAN
                                                                        DARIUS
                                                                        FALCON
                                                                         GABRIEL
                                                                        LUCIAN
                                                                            DAYAN
                                                                              TRAIN
RAFAEL
(No es la imagen de su audio libro, pero si de la portada de Secreto Oscuro de EE.UU.No puede evitar colocarla sale hermoso!!!)

Y que me dicen???
Dejen sus opiniones al respecto!!!

jueves, 9 de junio de 2011

PELIGRO OSCURO/ARGUMENTO

Argumento

Dominic Buscador de Dragones  —uno de los más poderosos de los linajes Carpatos— está desesperado por llegar al corazón del campamento enemigo y enterarse de sus planes. Sólo hay un modo de hacerlo: ingerir la sangre con parásitos de un vampiro. Sabe que es una misión de la que no regresará. Sin apenas tiempo antes de que la sangre surta efecto, conseguirá la información que necesita, se la entregará al Príncipe de los Carpatos y morirá luchando. No hay modo más honroso de morir.
Solange Sangria es uno de los últimos miembros del clan de los jaguares, pura sangre real, una especie en vías de extinción que no puede recuperarse de las malas decisiones tomadas cientos de años atrás. Lleva muchos años sola, luchando para salvar a los cambiaformas que quedan de las garras de Brodrick el terrible: su propio padre, que asesinó a su familia y a todos aquellos a quienes amaba. Herida y cansada, planea participar en una última batalla con la esperanza de detener al hombre que ha formado una alianza con los vampiros, aceptando que no saldrá viva de ello.
Son dos guerreros que han vivido en soledad. Ahora, cuando sus días tocan a su fin, se encuentran… un obstáculo que ninguno puede ignorar.

PELIGRO OSCURO/CAPITULO 1

Capítulo 1

a
Estuve medio vivo durante mil años.
Para entonces había abandonado toda esperanza de que nos conociéramos.
Demasiados siglos. Todo desaparece
mientras el tiempo y la oscuridad roban el color y la rima.
De Dominic para Solange

Los machos Carpatos sin compañera no soñaban. No veían en colores y ciertamente no sentían emociones. Dolor, sí, pero no emoción. ¿Entonces por qué había estado soñando durante los últimos años? Era un antiguo, un guerrero experimentado. No tenía tiempo para la fantasía, ni para la imaginación. Su mundo era duro y árido, una necesidad para combatir a un enemigo que inevitablemente había sido un amigo o miembro de la familia.
Durante los primeros cien años más o menos después de perder sus emociones, tuvo esperanza. Con el paso de los siglos, la esperanza de encontrar a su compañera se desvaneció. Había aceptado que la encontraría en la próxima vida y estaba llevando a cabo con resolución su último deber para con su gente, pero aquí estaba, un antiguo de gran experiencia, Dominic de la línea de los Cazadores de Dragones, un linaje tan antiguo como el tiempo mismo, un hombre de sabiduría, un guerrero renombrado y temido, tumbado bajo la tierra rica despierto, soñando.
Los sueños deberían sentirse insustanciales y al principio el suyo lo había sido. Una mujer. Sólo una idea vaga de su aspecto. Tan joven en comparación con él, pero una guerrera por derecho propio. No era su concepto de la mujer con la que se uniría, pero cuanto más sustancial se volvía ella con el paso de los años, más se daba cuenta Dominic de cuán perfecta era para él. Él había luchado durante demasiado tiempo para deponer la espada. No conocía ningún otro estilo de vida. El deber y el sacrificio estaban impresos en sus huesos y necesitaba una mujer que le pudiera comprender.
Quizás los sueños fueran eso. Nunca había soñado hasta hacía algunos años. Nunca. Los sueños eran emociones y él las había perdido hacía mucho tiempo. Los sueños eran en colores, aunque el suyo no. Pero se percibían en colores a medida que los años daban forma a la mujer. Ella era un misterio, confianza absoluta cuando luchaba. A menudo tenía magulladuras y heridas frescas que dejaban cicatrices en su piel suave. Había llegado a examinarla cuidadosamente cada vez que se encontraban, sanarla se había convertido en su saludo tradicional. Se encontró sonriendo por dentro al pensar en cómo ella era enteramente lo contrario a segura de sí misma cuando se trataba de verse  a sí misma como mujer.
Durante unos pocos momentos, contempló el por qué debería estar sonriendo por dentro. Sonreír era igual a felicidad y él no tenía emociones para sentir tales cosas, pero sus recuerdos de emociones se estaban agudizados hacia el final de su vida, en vez de oscurecerse como había esperado. Porque cuando convocaba el sueño, sentía una sensación de consuelo, de estar bien y feliz.
Con el paso de los años ella se había vuelto más clara para él. Una mujer jaguar. Una guerrera fiera con exactamente los mismos valores que él enarbolaba: lealtad, familia y deber. Nunca olvidaría la noche, hacía sólo una semana, en la que había visto sus ojos en color. Por un momento no pudo respirar, la miró maravillado, sorprendido de poder recordar los colores tan vívidamente para poder atribuir un color verdadero a sus ojos felinos.
Los ojos eran hermosos, resplandecían en algún lugar entre el oro y el ámbar con débiles insinuaciones de verde que se oscurecían cuando él se las ingeniaba para robarle alguna risa. Ella no reía a menudo ni fácilmente y cuando lo hacía, él sentía que era más triunfo que cualquiera de las batallas que hubiera ganado.
Aunque los sueños continuaban, y sólo ocurrían cuando estaba despierto, siempre parecían un poco desenfocados. Pero esperaba verla. Se sentía protector hacia ella, como si su lealtad ya se hubiera columpiado hacia la mujer de su sueño. Le escribió canciones de amor, expresando todas las cosas que deseaba decirle a su compañera, y cuando ella se negaba a descansar, él la tumbaba colocándole lacabeza en su regazo, le acariciaba la espesa melena y le cantaba en su idioma. Nunca se había sentido más contento, ni completo.
Se revolvió, perturbando la tierra rica que lo rodeaba. En el momento en que se movió, el dolor lo atrapó, miles de cuchillos le rasgaron de dentro a fuera. La sangre contaminada del vampiro que había tragado deliberadamente estaba llena de parásitos y ahora se agitaban en él reproduciéndose, buscando tomar el control de su cuerpo para invadir cada célula, cada órgano, y por muy frecuentemente que purgara algunos para mantener su número bajo, ellos parecían trabajar más duro para multiplicarse.
Dominic siseó un aliento entre dientes mientras se forzaba a alzarse. No era todavía completamente de noche y él era un antiguo Carpato con muchas batallas y muertes a sus espaldas. Generalmente los antiguos no se alzaban antes de que el sol se hubiera puesto, pero él necesitaba el tiempo extra para explorar a su enemigo y orientarse en esta tierra de mitos y leyendas.
En lo profundo de la cueva que había escogido en la selva del Amazonas, movió la tierra suavemente dejando que se asentara a su alrededor mientras se despertaba, queriendo mantener el área tan tranquila como fuera posible. Viajaba sólo de noche, como hacían los de su raza, escuchando el cuchicheo del mal, iba tras el rastro de un vampiro maestro, uno que estaba seguro tenía conocimiento de los planes para destruir a la especie de los Carpatos de una vez para siempre. Su pueblo sabía que los vampiros se estaban reuniendo bajo la regla del cinco. Al principio los grupos habían sido pequeños y dispersos, los ataques fácilmente defendibles, pero últimamente el cuchicheo de la conspiración había crecido hasta un rugido y los grupos eran más grandes, más organizados y extensos de lo que habían creído al principio. Estaba seguro de que los parásitos de la sangre contaminada eran la llave para identificar a todos los que fraguaban una alianza con los cinco maestros.
Había deducido esto durante sus días de viaje. Había puesto a preuba la teoría varias veces, encontrando tres vampiros. Dos eran relativamente novatos y ninguno tenía los parásitos, fue fácil para un cazador experimentado matarlos, pero el tercero había satisfecho sus preguntas. En el momento en que se acercó, los parásitos entraron en un frenesí de reconocimiento. Había escuchado al vampiro jactarse durante la mayor parte de la noche, hablándole de las legiones crecientes y de cómo los emisarios se estaban reuniendo en el Amazonas, donde tenían aliados entre los hombres jaguar y una sociedad humana que no tenía la menor idea de que se estuvieran acostando con los que intentaban destruirlos. Los maestros utilizaban tanto a humanos como a hombres jaguar para cazar y matar Carpatos. Dominic había matado al vampiro, una extracción rápida del corazón y llamando al relámpago, lo incineró. Antes de dejar la zona había tenido mucho cuidado de eliminar cualquier huella de su presencia.
Sabía que el tiempo se acababa rápidamente. Los parásitos estaban muy ocupados trabajando, cuchicheándole, murmurando malvados incentivos, incansables en su búsqueda de que él se uniera con los maestros. Era un antiguo sin compañera y la oscuridad ya era fuerte en él. Había aceptado que su compañera vendría en la próxima vida y había dedicado su vida a ayudar a su pueblo. Su amada hermana había desaparecido hacía cientos de años, ahora sabía que estaba muerta y que sus hijas estaban a salvo con el pueblo Carpato. Podría hacer ésta última tarea y terminar su árida existencia con honor.
Se levantó de la tierra rica, tan rejuvenecido como alguien con parásitos en la sangre podría estar. La cueva en lo profundo de la tierra evitaba que el sol tocara su piel, pero lo sentía de todos modos, sabiendo que estaba justo fuera de la oscuridad, esperando para abrasarlo. La piel picaba y ardía con anticipación. Atravesó a zancadas la cueva con confianza absoluta. Se movió con la fácil seguridad de un guerrero, fluyendo sobre el desigual suelo en la oscuridad.
Cuando empezó a trepar a la superficie pensó en ella, su compañera, la mujer de sus sueños. No era su verdadera compañera por supuesto, porque entonces la vería en vívidos colores, no sólo sus ojos. Vería las variadas sombras de verde en la selva tropical, pero todo en torno a él permanecía en tonos grises. ¿Estaba encontrando consuelo en un engaño? ¿Eran sus canciones a ella, su amor por su compañera un engaño? La anhelaba, necesitaba evocarla a veces para pasar la noche cuando su sangre estaba ardiendo y le comían  vivo desde el interior hacia fuera. Pensó en la piel suave, una sensación que parecía asombrosa cuando él era como un roble, hierro duro, la piel tan dura como el cuero.
Cuando se acercó a la salida a la cueva pudo ver la luz que se derramaba en el túnel y su cuerpo se encogió, una reacción automática después de siglos de vivir en la noche. Adoraba la noche, sin importar dónde estuviera o en qué continente estuviera. La luna era una amiga, las estrellas a menudo luces con las que se guiaba para navegar. Ahora estaba en un territorio que no le era familiar, pero sabía que los hermanos De La Cruz patrullaban la selva tropical, aunque había cinco de ellos para cubrir un territorio muy grande y estaban diseminados. Tenía la sensación de que los cinco que estaban reclutando vampiros menores contra los Carpatos habían escogido deliberadamente el territorio de los De La Cruz como su sede.
Los hermanos Malinov y los hermanos De La Cruz habían crecido juntos, siendo más que amigos, reclamando un parentesco. El pueblo Carpato los había considerado dos de las familias más poderosas, guerreros a los que no muchos podían superar. Dominic pensó en sus personalidades y del compañerismo que se había convertido en rivalidad. Tenía el presentimiento de que los hermanos Malinov habían escogido establecer su sede bajo la nariz de aquellos que estuvieron tramando con ellos maneras hipotéticas de apartar a la línea Dubrinsky del gobierno del pueblo Carpato, y al final habían jurado lealtad al príncipe. Los hermanos Malinov se habían convertido en los enemigos más encarnizados e inexorables de los hermanos De La Cruz.
El razonamiento de Dominic fue confirmado por el vampiro que había matado en las Montañas Carpatos, un vampiro menor muy hablador que quiso jactarse de todo lo que sabía. Él había avanzado, sin tomar prisioneros, por así decirlo, sorprendido de cuan fantástico sistema de alarma eran los parásitos. A los hermanos Malinov nunca se les ocurriría que algún Carpato se atreviera a ingerir la sangre e invadir su campamento.
Al acercarse a la entrada, fue golpeado primero por el ruido, sonidos de pájaros, monos y el zumbido incesante de los insectos a pesar de la lluvia constante. Hacía calor y el vapor se elevaba del suelo justo fuera de la cueva mientras la humedad se vertía de los cielos. Los árboles colgaban sobre las orillas hinchadas del río, sus raíces eran grandes jaulas nudosas, los zarcillos gruesos serpenteban sobre el suelo creando ondas de aletas de madera.
Dominic era insensible a la lluvia o al calor, podía regular su propia temperatura para permanecer cómodo, pero esos diez metros desde la entrada de la cueva a la seguridad relativa bajo el tupido dosel iban a ser un verdadero infierno y no lo esperaba con ansia. Viajar bajo el sol incluso bajo otra forma era doloroso, y con fragmentos de vidrio desgarrándole el interior a trozos, ya tenía bastante a lo que enfrentarse.
Fue difícil no tratar de alcanzar el sueño. En compañía de ella, el dolor se aliviaba y el susurro en su cabeza cesaba. El constante murmullo, los parásitos trabajando para que aceptara a los maestros y su plan, era agotador. El sueño le daba consuelo a pesar de saber que su compañera no era real.
Sabía que había construido lentamente a su compañera en su mente, no su aspecto sino sus características, los rasgos que eran importantes para él. Necesitaba una mujer que fuera leal más allá de todo, una mujer que protegiera a sus hijos con fiereza, que estuviera con él sin importar lo que se les viniera encima, sabría que ella estaría a su lado y no tendría que preocuparse de que no pudiera protegerse a sí misma o a sus hijos.
Necesitaba una mujer, que, cuando sólo fueran ellos dos, siguiera su liderazgo, que sería femenina y frágil y todas esas cosas que no podría ser cuando tuviera que luchar. Y deseaba ese lado de ella completamente para él. Era egoísta, quizá, pero nunca había tenido nada para sí mismo y su mujer era sólo para él. No quería que otros hombres la vieran del modo en que él lo hacía. No quería que ella mirara a otros hombres. Ella era sólo para él y quizá eso fuera lo que significaba verdaderamente el sueño, la construcción de una mujer perfecta en la mente cuando sabías que nunca tendrías una.
Conocía muy bien las habilidades luchadoras de ella. Había visto las cicatrices de las batallas. La respetaba y admiraba cuando caminaba a su lado, pero en realidad no podía retener su imagen durante mucho tiempo. Venía a él como si en sueños estuviera protegida por un tupido velo, intercambios de imágenes más que de palabras. A cualquiera le costaba mucho tiempo revelar cualquier parte de sí mismos a otro guerrero. Habían construido la confianza entre ellos lentamente y a él le gustaba eso en ella. La mujer no entregaba su lealtad fácilmente, pero cuando lo hacía, la daba por completo. Y eso le gustaba.
Otra vez se encontró sonriendo por dentro ante una fantasía tan ridícula a su edad. Debía ser un signo del empeoramiento de su mente. La senilidad se había impuesto. Pero cómo la echaba de menos cuando no podía traerla a él. Ella parecía más cerca allí en el calor de la selva, con la lluvia cayendo en capas plateadas. El velo de humedad le recordó la primera vez que había logrado mirar detenidamente a través de la neblina de su sueño y vio su cara tan claramente. Le había robado el aliento. Parecía tan asustada, como si se hubiera revelado deliberadamente, corriendo el riesgo al fin, pero temblaba, esperando que él la juzgara.
Él se había sentido más cercano al amor verdadero de lo que jamás estuvo. Trató de comparar el sentimiento con lo que había sentido por su hermana Rhiannon, en los primeros días cuando todos eran felices y él todavía tenía sus emociones. Había guardado el recuerdo de ese amor todos esos siglos, pero ahora, cuando necesitaba el sentimiento para completar su sueño, antes de salir a luchar, el sentimiento era enteramente diferente.
Sentimiento. Dio vueltas a la palabra una y otra vez en su mente. ¿Qué significaba? ¿Recuerdos? ¿O realidad? ¿Y por qué eran sus recuerdos tan nítidos de repente aquí en la selva? Olió la lluvia, inhaló el aroma de ésta y hubo un borde de placer en la sensación. Era frustrante captar casi el sentimiento y aún así, que le eludiera. No era simplemente un subproducto de ingerir la sangre de vampiro, había empezado a “soñar” mucho antes. Y los sueños sucedían mientras estaba despierto.
Dominic sospechaba de todas las cosas que no tenían sentido. No era un hombre propenso a los sueños o a las fantasías y esta mujer mítica se estaba convirtiendo en una gran parte de su vida, en una parte de él. Se estaba engañando al pensar que era una verdadera compañera, realidad en vez de un mito, mas aquí en la tierra donde mitos y leyendas volvían a la vida, casi podía convencerse de que ella era real. Pero incluso si lo fuera, era demasiado tarde. El dolor continuo que le arañaba el vientre le decía que su tiempo se había acabado y que tenía que llevar a cabo su propósito de infiltrarse en el campamento enemigo, conseguir sus planes, enviar la información a Zacarías De La Cruz y luego matar a tantos vampiros como pudiera antes de sucumbir. Había escogido salir a luchar por su pueblo.
Cambió, tomando la forma del señor de los cielos, el águila hharpía. El pájaro era más grande de lo normal y las hharpías eran grandes aves. La envergadura de las alas era de unos buenos dos metros, las garras enormes. La forma ayudaría a protegerlo cuando entrara a la luz del sol antes de alcanzar el refugio relativo de la canopia. Se alzó desde el suelo a la luz del sol. A pesar del aguacero, la luz le quemó. El humo se elevó de las plumas oscuras, emanando incluso de la forma del pájaro. Había sufrido quemaduras y su cuerpo quedó destrozado por las cicatrices aunque éstas se habían aliviado con el tiempo, pero nunca olvidaría ese dolor. Estaba grabado en sus huesos.
Aspirando el aliento bruscamente, se forzó a levantar el vuelo y subir hacia esa masa horrorosa de ardiente calor. La lluvia crepitaba sobre él, escupiendo y siseando como un gato enojado cuando el gran pájaro despegó, batiendo las alas con fuerza para ganar altura y llevarle a los árboles. La luz casi lo cegó y dentro del águila se encogió lejos de los rayos, sin importar como se tamizaran con la lluvia. Pareció que cruzar los diez metros duraba una eternidad, aunque el pájaro estuvo en los árboles casi inmediatamente. Le llevó unos pocos momentos darse cuenta de que el sol ya no estaba directamente sobre sus plumas. El siseo y los escupidos cedieron una vez más al llamamiento de los pájaros y los monos, esta vez en aguda alarma.
Debajo de él, un puerco espín dejó caer los higos que había estado cenando cuando la sombra del águila pasó sobre su cabeza. Dos monos arañas hembra, borrachos por las frutas fermentadas, lo miraron fijamente. La selva del Amazonas atravesaba ocho fronteras, extendiéndose a través los países con sus propias formas diversas de vida. Un oso hormiguero que trepaba a las ramas de un árbol se detuvo para mirarlo con una ojeada cautelosa. Los guacamayos de brillante rojo y azul gritaron advertencias cuando pasó por encima, pero los ignoró, expandiendo su círculo más ampliamente para abarcar cada vez más territorio.
El águila se movía silenciosamente por el bosque, tan alta como el dosel lo permitía, sin emerger por encima, cubriendo kilómetros. Necesitaba el refugio de los miembros retorcidos y el tupido follaje para bloquear la luz. Con los ojos del águila hharpía podía ver algo tan pequeño como de dos centímetros a casi dos metros. Podía volar hasta ochenta kilómetros por hora si estaba en un espacio abierto y dejarse caer con mareante velocidad si era necesario.
Ahora bien, la vista era la razón principal para haber escogido la forma del águila. Divisó cientos de ranas y lagartos punteando las ramas y troncos mientras hacía barridos. Las serpientes estaban enrolladas entre los miembros treorcidos, ocultas entre las flores empapadas por la lluvia. Un margay se encogió más profundamente en el follaje de un alto kapok, con sus grandes ojos fijos en la presa. El águila se hundió más, inspeccionando la vegetación llena de maleza. Bloques de piedra caliza yacían medio enterrados en escombros, como si hubieran sido esparcidos por una mano voluntariosa. Un cenote brillaba con agua azul, testificando un río subterráneo.
El águila continuó expandiendo su círculo, abarcando cada vez más kilómetros hasta que encontró lo que buscaba. El pájaro se posó en lo alto de las ramas de un árbol alto al borde de un claro hecho por el hombre. Un edificio grande de acero y con cerrojos había sido introducido pieza a pieza y construido en el último año. Se había favorecido el crecimiento alrededor de él, presumiblemente con vistas a ocultarlo, pero no había habido suficiente tiempo para que el bosque recuperara el terreno perdido.
Algo había volado un agujero desde el exterior y había comenzado un fuego. El olor a humo no podía evitar que el hedor a carne podrida se elevara hasta hacer que su piel se erizara incluso en lo profundo de la forma del pájaro. Vampiro. El olor estaba allí, aunque desvaído, como si se hubieran sucedido muchos alzamientos desde que el no muerto había visitado este lugar. Aún así, el lamento de la muerte se alzaba desde los terrenos de los alrededores.
El lado derecho del edificio estaba ennegrecido y un agujero ofrecía vistazos del interior. Una batalla muy reciente, quizás en el último par de horas, había tenido lugar aquí. Los ojos agudos del águila pudieron ver los muebles volcados dentro, un escritorio y dos jaulas. Un cuerpo yacía inmóvil en el suelo.
En el exterior dos hombres, humanos, estaba seguro, se encontraban fuera del edificio con el equipo de combate, grandes fusiles atados a los hombros. Uno inclinó una botella de agua en su boca y luego retrocedió al refugio relativo de la puerta, tratando de evitar la lluvia constante. El segundo aguantaba estoicamente, el agua lo empapaba, mientras decía unas pocas palabras al primer guardia, antes de moverse para rodear el edificio. Ambos permanecían vigilantes y el guardia de la puerta se protegía la pierna izquierda, como si hubiera resultado herido.
El águila miró, inmóvil, oculta entre las ramas gruesas y retorcidas y bajo el paraguas de las hojas por encima del claro. No pasó mucho tiempo antes de que un tercer hombre apareciera saliendo del bosque. Desnudo, tenía un ancho pecho, con piernas cortas y fornidas y brazos muy musculosos. Llevaba a un segundo hombre sobre el hombro. La sangre le bajaba por el hombro y espalda, aunque era imposible decir si era del hombre inconsciente o de él. Se tambaleó un poco antes de alcanzar la puerta, pero el guardia no se movió para ayudarlo. En vez de eso, se apartó a un lado, levantó apenas el cañón de su arma, pero lo suficiente para cubrir a los recién llegados.
Hombres jaguares. Cambiaformas. No cupo duda en la mente de Dominic. Alguien había atacado este complejo y producido un daño considerable. Obviamente el guardia humano recelaba de los hombres jaguar, pero les permitió entrar en el edificio. El segundo guardia se había colocado detrás y cubría a los dos cambiaformas, con el dedo en el gatillo. Estaba claro, había una tregua inquieta entre las dos especies.
Dominic sabía que los hombres jaguar estaban al borde de la extinción. Él había visto el declive unos pocos cientos de años atrás y sabía que era inevitable. En esa época, los Carpatos habían tratado de advertirles de lo que se avecinaba. Los tiempos cambiaban y una especie tenía que evolucionar para sobrevivir, pero los hombres jaguar rehusaron el consejo. Quisieron seguir con las viejas costumbres, viviendo en lo profundo de las selvas, encontrando una compañera, impregnándola y trasladándose. Eran salvajes y de mal temperamento, siempre incapaces de asentarse.
Los pocos hombres jaguar con los que Dominic había pasado algún tiempo tenían un tremendo sentimiento de derecho y superioridad. Veían a todas las demás especies como inferiores, y sus mujeres no significaban para ellos mucho más que un recipiente para portar a sus crías. La familia real tenía una larga historia de crueldad y abuso contra sus mujeres y niñas, una práctica que los otros machos vieron como ejemplo y la siguieron. Unos pocos y raros hombres jaguar intentaron de convencer a los demás de que debían valorar a sus mujeres y niñas, en vez de tratarlas como a una propiedad, pero se les había considerado traidores, habían sido rechazados y ridiculizados, o peor, asesinados.
Al final los Carpatos habían dejado a los hombres jaguar a sus propios medios, sabiendo que la especie estaba condenada. Brodrick X, un raro jaguar negro guiaba a los machos como su padre y sus antepasados habían hecho antes que él. Se le consideraba un hombre difícil y brutal, responsable de matanzas de aldeas enteras, de los híbridos que creía no aptos para vivir. Se rumoreaba que había hecho una alianza con los hermanos Malinov así como con la sociedad de humanos dedicados a aniquilar vampiros.
Dominic sacudió la cabeza ante la ironía. Los humanos no podían distinguir la diferencia entre un Carpato y un vampiro, y su sociedad secreta había sido infiltrada por los mismos que estaban intentando destruir. Los Malinov estaban usando a ambas especie en su guerra contra los Carpatos. Hasta ahora, los hombres lobo no se habían inclinado por ningún lado, permaneciendo estrictamente neutrales, pero existían, como había comprobado Manolito De La Cruz con su compañera.
Dominic levantó el vuelo y se acercó, afinando su audición para captar la conversación dentro del edificio.
—La mujer está muerta, Brodrick. Saltó desde el precipicio. No pudimos detenerla. —Había fatiga y aversión en la voz.
Una segunda voz, llena de dolor agregó:
—No podemos permitirnos el lujo de perder a más de nuestras mujeres.
La tercera voz fue más baja, un gruñido de puro poder, impresionante por la autoridad absoluta que portaba.
—¿Qué has dicho, Brad? —La voz transmitía una amenaza clara, como si el pensamiento de que cualquiera de sus peones tuviera ideas propias de alguna manera los convirtiera en traidores.
—Necesita un médico, Brodrick —intervino la primera voz apresuradamente.
Dominic vio cómo un hombre grande vestido con vaqueros flojos y una camisa abierta surgía de la casa. Llevaba el cabello largo, desgreñado y muy espeso. Dominic supo instantáneamente que estaba mirando a Brodrick, el gobernante de los hombres jaguar. Su príncipe había decretado que los Carpatos debían dejar la especie a su propio destino, si no se habría sentido tentado de matar al hombre allí mismo. Brodrick era directamente responsable de las muertes de innumerables hombres, mujeres y niños. Estaba consumido por el demonio, borracho de su propio poder y la creencia de que era superior a todos los demás.
Brodrick miró a los dos guardias despreciativamente.
—¿Qué coño hacéis perdiendo el tiempo en la puerta? Se supone que estáis trabajando.
El segundo guardia mantuvo su fusil apuntado en dirección de Brodrick incluso mientras los dos humanos se movían en círculos opuestos, el que había estado refugiándose en la puerta, cojeando bastante, confirmando la creencia de Dominic de que había resultado herido. Brodrick frunció el ceño a la lluvia, dejando que se vertiera sobre su cara. Escupió con repugnancia y caminó por el costado del edificio donde se había producido el fuego. Agachándose, buscó por el suelo. Fue muy minucioso, se inclinó para olfatear, utilizando todos los sentidos para recoger el rastro de su enemigo.
De repente se recostó sobre los talones, tensándose.
—Kevin, sal aquí —llamó.
El hombre jaguar que había llevado al herido salió fuera corriendo, descalzo, pero en vaqueros y poniéndose una camiseta por el pecho.
—¿Qué pasa?
—¿Conseguiste echar una buena mirada a quienquiera que irrumpió y liberó a Annabelle?
Kevin negó con la cabeza.
—Fue un intento cojonudo. Eliminó a dos guardias, las balas fueron muy seguidas, todos pensaron que sólo se había disparado un tiro.
—No hay ningún rastro. Ninguno. ¿Dónde coño estaba? ¿Y cómo supo el lugar preciso donde volar el edificio para liberar a Annabelle? No había ventanas.
Kevin miró hacia los guardias.
—¿Crees que alguien le ayudó?
—¿Qué sucedió allí? —Brodrick hizo gestos hacia el bosque.
Kevin se encogió de hombros.
—Perseguimos a Annabelle. Corrió por el bosque hacia el río. Pensamos que quizá fuera su hombre, el humano del que habló, viniendo para tratar de salvarla. No necesitábamos armas para luchar contra él, así que cambiamos. Seríamos más rápidos que Annabelle viajando por el bosque, incluso si cambiarba.
Había sido un pensamiento lógico, concedió Dominic desde su alta percha encima de ellos, pero habían perdido a la mujer.
Brodrick sacudió la cabeza.
—¿Cómo dispararon a Brad? ¿Y dónde está Tonio?
Kevin suspiró.
—Encontramos su cuerpo justo al otro lado de las cuevas. Se había enredado con otro gato. Brad estaba arrodillado a su lado y lo siguiente que supe fue que estaba en el suelo y fuimos inmovilizados. Yo no tenía armas y cambié de forma para tratar de dar un rodeo y encontrar al tirador, pero no pude hallar ningún rastro.
Brodrick juró.
—Es ella. Ella hizo esto. Sé que fue ella. Por eso no encontraste ningún rastro. Subió a los árboles.
Ninguno dijo quién era ella. Dominic quería saber quién podía ser la mujer misteriosa a la que obviamente odiaban y temían. Alguien a quien no le importaría conocer. Cuatro de los cinco hermanos De La Cruz tenían compañeras. ¿Podría ser la mujer evasiva una de sus compañeras? Era posible, pero lo dudaba. Los hermanos De La Cruz no querrían a sus mujeres en la batalla. Eran hombres con naturalezas violentamente protectoras, y venir a esta región sólo había incrementado sus tendencias dominantes. Tenían ocho países para patrullar, y los hermanos Malinov sabrían cuán imposible sería cubrir cada centímetro de selva. Ellos nunca, bajo ninguna circunstancia, enviarían a sus mujeres solas. No, ésta tenía que ser otra persona.
El águila abrió las alas inmensas y levantó el vuelo. El sol comenzaba a desaparecer, haciéndole sentir un poco más cómodo, pero el cuchicheo de los parásitos se volvió más fuerte, tentando, empujando su hambre a un nivel voraz, hasta que apenas pudo pensar claramente. Era sólo la forma del pájaro la que mantenía su cordura mientras trataba de ajustar el creciente nivel de tormento. A medida que la noche se acercaba, los parásitos pasaron de la pereza a la actividad, apuñalando los órganos internos mientras la sangre del vampiro quemaba como ácido. Debía alimentarse, pero cada vez estaba más preocupado por esa locura que le estaba atrapando y por si no encontraba la fuerza para resistir la tentación de matar mientras se alimentaba.
Cada alzamiento se despertaba vorazmente hambriento, y cada vez que se alimentaba, los parásitos se volvían más fuertes, empujándole a matar, exigiendo que sintiera la ráfaga del poder, la legítima ráfaga del poder, la promesa del dulce frescor en su sangre, un sentimiento de euforia que apartaría cualquier dolor de su cuerpo fatigado.
Se mantuvo bajo la sombra del dosel mientras expandía su exploración, dirigiéndose al lugar de la batalla, esperando que el águila pudiera divisar algo que los hombres no. Encontró las entradas a las cuevas, muy pequeñas y hechas de piedra caliza, pero estas no parecían curvarse bajo tierra para formar el laberinto de túneles del sistema de cuevas que había a kilómetros de distancia. Sólo había tres pequeñas cámaras y en cada una, encontró arte maya en las paredes. Las tres cuevas mostraban signos de ocupación, breve pero violenta de alguna manera. Había lugares con sangre seca en todas ellas.
Se dirigió al cielo otra vez, con una vaga intranquilidad en el estómago. Eso le molestó. Había visto sitios horribles de batalla, tortura y muerte. Era un guerrero Carpato y su falta de emoción le servía bien. Sin una compañera para equilibrar la oscuridad en él, necesitaba la falta de emoción para permanecer cuerdo tras más de mil años de ver crueldad y depravación, pero la vista de la sangre en esa cueva y saber que las mujeres habían sido llevadas allí por los hombres jaguar para ser utilizadas como ellos desearan, le enfermaba. Y eso nunca debería suceder. Intelectualmente, quizás. Una reacción intelectual era aceptable y el honor en su interior se alzaría para aborrecer tal conducta, mas una reacción física era completamente inaceptable e imposible. Pero…
Inquieto, Dominic expandió su búsqueda para incluir los precipicios encima del río. La lluvia continuaba, aumentando en fuerza, convirtiendo el mundo en gris plateado. Incluso con las nubes como cobertura, sentía el calor brillante que lo invadía todo mientras irrumpía en el claro sobre el río. Había un cuerpo desplomado y sin vida en el río, atrapado entre las piedras, golpeado y olvidado. El largo y espeso pelo estaba extendido como un alga, un brazo inmovilizado en la grieta que formaban dos grandes rocas. Estaba boca arriba, los ojos muertos miraban fijamente al cielo, la lluvia caía sobre su cara como una inundación de lágrimas.
Maldiciendo, Dominic dio una vuelta y se dejó caer. No podía dejarla así. No podía. No importaba cuántos muertos hubiera visto. No la dejaría, una muñeca rota, sin ningún honor ni respeto para la mujer que había sido. Por lo que había captado de la conversación entre Brodrick y Kevin, tenía una familia, un marido que la amaba. Ella, y ellos, merecían más que un cuerpo azotado por el agua, abandonado para hincharse, descomponerse y convertirse en pienso para los peces y carnívoros que se darían un banquete con ella.
El pájaro se decidió por la roca que había justo encima del cuerpo y cambió de forma, cubriéndose la piel con una capa pesada con capucha que ayudó a proteger su cuello y cara mientras se agachaba y le agarraba la muñeca. Era fuerte y no tuvo problemas para sacarla del agua y cogerla en brazos. La cabeza le colgaba sobre el cuello y vio las magulladuras que le estropeaban la piel y las impresiones alrededor del cuello. Había círculos, negros y azules en torno a las muñecas y tobillos. Otra vez le conmocionó su reacción. Pena mezclada con rabia. Una pena tan pesada en el corazón que borró lentamente la rabia.
Respiró y exhaló. ¿Estaba sintiendo las emociones de otra persona? ¿Amplificaban los parásitos las emociones en torno a él, añadiéndose al pico que el vampiro recibía del terror que su víctima sentía, el que proporcionaba la sangre con adrenalina? Era una posibilidad, pero no podía imaginarse que un vampiro pudiera sentir pena.
Dominic llevó a la mujer a la selva, cada paso incrementaba su pena. En el momento en que entró en los árboles, olfateó sangre. Aquí había sido donde la segunda batalla había tenido lugar y Brad había resultado herido. Encontró el lugar donde el tercer hombre jaguar había soltado su ropa y había salido de caza, esperando dar un rodeo y atrapar al tirador.
Había pocos rastros que mostraran el paso del jaguar, un pequeño pedacito de piel y una huella parcial que la lluvia había llenado, pero en poco tiempo encontró el cuerpo del felino. Había habido una batalla aquí, entre dos gatos. Las huellas del felino muerto se veían más pesadas y más extendidas, indicando que era más grande, pero el más pequeño era obviamente un combatiente veterano, había matado con una mordedura en el cráneo, después de una lucha violenta. El follaje estaba empapado en sangre y había más en el suelo.
Dominic sabía que los jaguares volverían para quemar al gato caído, así que tras estudiar con cuidado el suelo para proteger las huellas del jaguar victorioso en la memoria, llevó a la mujer al lugar más exuberante que pudo encontrar. Una gruta de piedra caliza cubierta de enredaderas de flores sería su único indicador, pero abrió la tierra profunda y le proporcionó un lugar donde descansar. Cuando la tierra se cerró sobre la mujer, murmuró la oración de la muerte en su lengua materna, pidiendo paz y que el alma de la mujer fuera bienvenida a su siguiente vida, así como pidiendo que la tierra recibiera su cuerpo y diera la bienvenida a la carne y los huesos.
Se quedó un momento mientras los rayos del sol lo buscaban a través de la cobertura del dosel y la lluvia, quemando a traves de su pesada capa para levantarle ampollas en la piel. Los parásitos reaccionaron, retorciéndose y chillando en su cabeza, el interior de su cuerpo era una masa de cortes, así que escupió sangre. Expulsó a algunos de ellos de su cuerpo por los poros. Había descubierto que si no aligeraba su número, los cuchicheos se volvían más fuertes y el tormento imposible de ignorar. Tuvo que incinerar a las sanguijuelas mutantes que se retorcían antes de que se deslizaran en el suelo e intentaran encontrar un modo de regresar con sus maestros.
Movió la vegetación del suelo para cubrir cualquier rastro de la tumba. Los hombres jaguar regresarían para eliminar todas huella de su especie, pero a ella no la encontrarían. Descansaría lejos de su alcance. Era todo lo que le podía dar. Con un pequeño respiro, Dominic verificó una última vez, cerciorándose de que el lugar escogido parecía prístino, y luego cambió de forma una vez más tomando la del águila. Tenía que descubrir a dónde había ido el jaguar victorioso.
A los ojos agudos del águila no les llevó mucho tiempo divisar a su presa a varios kilómetros del lugar de la batalla. Simplemente siguió los sonidos del bosque, las criaturas se advertían unas a otras de la cercanía de un depredador. El águila se deslizó silenciosamente a través de las ramas de los árboles y se posó en una rama ancha en lo alto del suelo del bosque. Los monos aullaron y chillaron advertencias, llamándose unos a otros, tirando ocasionalmente ramitas al gran gato con manchas que se abría camino entre la maleza hacia algún destino desconocido.
El jaguar era hembra, la gruesa piel dorada estaba salpicada de oscuros rosetones y a pesar de la lluvia, con sangre. Cojeaba, arrastrando ligeramente la pata de atrás donde parecía estar el peor de los desgarros. Tenía la cabeza gacha, pero parecía letal, un flujo de manchas que se deslizaban dentro y fuera del follaje, así que a veces, aún con la vista extraordinaria del águila, era difícil distingirla contra la vegetación del suelo del bosque.
Se movía en completo silencio, ignorando a los monos y los pájaros, caminando a un ritmo constante, los músculos fluían bajo la piel gruesa. Dominic estaba tan intrigado por su persistencia obstinada en viajar a pesar de sus severas heridas, que le llevó varios minutos darse cuenta de que los cuchicheos horribles de su mente se habían calmado apreciablemente. En todas las veces que había drenado los parásitos para darse algún alivio, éstos nunca habían cesado con el asalto continuo a su cerebro, pero ahora, estaban casi silenciosos.
Curioso, echó a volar, dando vueltas arriba, permaneciendo dentro del dosel para evitar los últimos rayos del sol. Notó que cuanto más se alejaba del jaguar, más fuertes se volvían los susurros. Los parásitos cesaban su actividad cuanto más se acercaba a ella, incluso los afilados fragmentos de cristal que le cortaban en el interior permanecían inmóviles, y durante un corto momento tuvo un respiro del dolor brutal.
El jaguar continuaba moviéndose constantemente hacia el bosque más profundo, lejos del río, entrando en el interior. La noche cayó y siguió viajando. Él comprendió que no la podía abandonar, que no tenía deseos de dejarla. Comenzó a comparar sopesar la extraña calma de los parásitos ante ella, así como las constantes emociones extrañas. La rabia había amainado hasta una pena y angustia inexorables. Tenía el corazón tan pesado que apenas podía funcionar mientras se movía en lo alto.
Abajo, grandes bloques de piedra caliza aparecieron medio enterrados en el terreno. Los restos de un gran templo maya yacían agrietados y rotos, los árboles y las vides casi habían arrasado lo que quedaba de la una vez impresionante estructura. Dispersos durante los siguientes kilómetros estaban los restos de una civilización de hacía mucho. Los mayas habían sido granjeros, cultivaba maíz dorado en medio de la selva tropical, susurraban con reverencia a los jaguares y construían templos para unir el cielo, la tierra y el inframundo.
Divisó el cenote y debajo las aguas frescas del río subterráneo que en el que había reparado antes por la tarde. El jaguar continuó sin detenerse hasta que llegó a otro emplazamiento maya, aunque éste había sido utilizado más recientemente. El crecimiento de árboles y gruesas enredaderas lo fechaban en casi veinte años atrás, pero estaba claro que habían habido casas más modernas aquí. Un generador hacía mucho tiempo oxidado y envuelto en gruesa lianas y brotes verdes yacía de costado. El terreno lloraba con los recuerdos de batallas y matanzas que habían sucedido aquí. El dolor era tan pesado ahora, que Dominic necesitaba aliviar la carga. El águila hharpía voló por el dosel alejándose del jaguar y quedó inmóvil, mirando cómo el jaguar avanzaba a través del antiguo campo de batalla, como si estuviera conectada a los muertos que gemían allí.

Aclaracion-Disclaimer

La Saga Serie Oscura, es propiedad de la talentosa Christine Feehan.
Este espacio esta creado con el único fin de hacer llegar los primeros capítulos de estas magnificas obras a todos ustedes que visitan el blog. Lamentablemente, en latinoamericano muchos de estos maravillosos ejemplares, no estan al alcance de todos.
Si tienes la posibilidad de conseguir estas historias en tu pais, apoya el trabajo de Christine y compra sus libros. Es la unica manera de que se continue con la publicacion de los mismos.
Gracias por su visita
Mary