Un Ritual lleno de Pasion y Amor

"Te reclamo como mi compañera. Te pertenezco. Te ofrezco mi vida. Te doy mi protección, mi fidelidad, mi corazón, mi alma y mi cuerpo. Tu vida, tu felicidad y tu bienestar serán lo más preciado y estarán por encima de todo siempre. Eres mi compañera, unida a mí para toda la eternidad y siempre bajo mi cuidado”



domingo, 15 de mayo de 2011

HAMBRE OSCURA/CAPITULO 2


CAPITULO 2

UN MIEDO equivalente al terror desgarró a Juliette. No tenía ni idea de con qué estaba tratando, pero era un poderoso depredador y por las condiciones en que le había encontrado, su furia estaba justificada. Podía sentir la rabia controlada herví a fuego lento dentro de él.
Sorprendentemente, parecían estar conectados, sentía las emociones de él, él sentía las de ella. Reunió coraje, sus ojos todavía se mantenían fuertemente cerrados para mantener el mareo bajo control, evitando sentirse sobrecogida con el miedo y la ráfaga de viento en su cara mientras corrían alrededor de la cámara de los horrores. Necesitaba todos sus sentidos en funcionamientos si iba a escapar. Tenía que estar alerta para ese momento, esa única oportunidad en el que se distrajera momentáneamente. Intentó reunir sus fuerzas.
Parecía una tarea monumental que encarar, su estómago golpeó duramente contra el hombro de él. La sostenía con un brazo firmemente cruzado sobre sus nalgas, fácilmente, casualmente, como si apenas recordara que estaba allí. Su estómago se rebeló y se sintió débil y ligera. Pero su tacto parece familiar, íntimo incluso. Sus dedos estaban extendidos a través de su trasero, acariciando ausentemente la redondez de sus músculos incluso mientras recorría a zancadas al edificio. Casi como si su tacto recordara el cuerpo de ella, como si la conociera íntimamente de algún modo. Juliette no podía enfocar con propiedad sin importar cuanto lo intentara, consciente de los dedos más de lo que le habría gustado.
Los mismos cimientos del edificio se sacudieron; rasgándose, la tierra bajo ellos se movió y onduló violentamente. Empezaron a saltar y crujir chispas alrededor de ellos cuando el cableado se saltó de las sujeciones, chasqueando y chispeando en lo alto. Las luces parpadearon precariamente. Aparecieron fisuras en el suelo, a lo largo de la pared, grandes y amenazadoras grietas.
Hubo un rugido en sus oídos, alto e insistente. El hombre la que sujetaba se movía suavemente, fluidamente, una cierta poesía en movimiento, sin hacer que se sacudiera apenas su estómago anudado. Respira. Oyó la palabra como un suave susurro en su mente. Casi una caricia, íntima. Respira. Como si aire cálido de la boca de él estuviera respirando en su oído. Como si los pulmones de él movieran sus pulmones. Su cuerpo todavía se sentía pesado, sus brazos colgaban pesadamente hacia abajo por la espalda de él. Intentó concentrarse, intentó reunir sus fuerzas para esperar su momento, pero esa simple palabra la había perturbado. La había cambiado.
Respira. Susurrada a través de su mente, nadando en su corriente sanguínea, extendiéndose insidiosamente a través de su cuerpo hasta que corazón mismo latió el ritmo de su corazón. Y la palabra estaba en su mente, no pronunciada en voz alta.
Cuando el edificio vibró, él tomó las escaleras de tres y cuatro escalones cada vez. Saltó desde la pared de cemento que se desmoronaba, unos buenos veinte pies en el aire, aterrizando fácilmente sobre las puntas de los pies, todavía sin sacudirla. Las llamas estaba lamiendo los bloques de cemento, intentando encontrar combustible, propagándose insidiosamente en busca de algo que devorar mientras él la llevaba al abrigo de la jungla.
Al momento las oscuras hojas verdes los envolvieron, tragándolos, una refugio de rica y espesa vegetación. La oscuridad era casi impenetrable bajo la pesada canopia de follaje en lo alto. Los árboles caídos y espesos arbustos no le retrasaban. Se movía como alguien nacido y criado en la jungla, silenciosa y mortalmente, protegiéndola con su cuerpo mientras corría a través del interior oscuro, poniendo distancia entre ellos y el laboratorio que se desmoronaba. Parecía saber exactamente a donde iba, cuando la mayor parte de la gente se desorientaba profundamente dentro del bosque. Antes había corrido con velocidad y poder, ahora empezó a vacilar, sus piernas temblaban como si estuvieran súbitamente débiles. La sangre todavía corría de sus heridas y goteaba hacia abajo por su cuerpo de las múltiples laceraciones.
Juliette flexionó los dedos, asiendo la camisa andrajosa. No tenía energías para gritar una protesta, débil y sin vida, colgaba como un saco sobre su hombro, pero estaba segura de que él estaba medio loco por el dolor. Al momento llegaron al borde de los árboles donde la civilización había hecho retroceder a la jungla para construir pequeñas ciudades y villas. La jungla, como siempre, se arrastraba hacia adelante para reclamar lo que había sido tomado, proveyendo de cobertura todo el camino hasta el mismo borde del pueblo.
Se detuvo cerca de un grueso tronco de árbol, una sombra en la oscuridad. Sintió su inmovilidad, su recogida de información, como olisqueaba el viento. El corazón le empezó a latir con anticipación, una ruidoso y aterrador latido. Él estaba cazando a su presa.
Profundamente en su alma misma, sabía que estaba cazando una presa humana con su cuerpo plomizo tirado casualmente sobre el hombre.
Quiso luchar, gritar, advertir a la víctima. Ningún sonido emergió; su cuerpo se negaba a obedecerla. El corazón casi le explotó en el pecho, salvaje y asustado.
Respira. Llegó de nuevo. Una orden suave en su mente... gentil, íntima. Una caricia que sintió sobre su piel, un roce que sintió en su pelo.
Sobre su pecho desnudos. El aire se movió a través de sus pulmones, a través de los de él, y su corazón encontró el firme y natural latido del de él.
Oyó pasos, el murmullo de voces cargado por la noche. Acercándose. Acercándose aún más. ¿Quién sería tan tonto como para vagar por la jungla tan tarde en la noche? Había muchos depredadores en el bosque. Él se movió entonces, moviéndola entre sus brazos, acunándola cerca de su pecho, sus ojos negros ardiendo profundamente en los de ella durante un largo momento. Ella solo podía mirarla indefensa, medio hipnotizada, medio paralizada. Lentamente le bajó los pies al suelo, manteniendo el brazo alrededor para sujetarla contra él. Para mantenerla en pie. Estaba mareada y débil.
Su oscura exploración fue la cosa más íntima que había experimentado nunca. La conexión entre ellos crecía. Su mirada vagó sobre el cuerpo de el tocando sus pechos expuestos con el calor de una llama. Juliette no podía reunir las fuerzas para abotonarse la blusa mientras seguía mostrándose tambaleante y vulnerable delante de él. Como si le estuviera leyendo la mente, su captor unió los bordes de la tela y deslizó los botones en su lugar. Los nudillos acariciaron su piel, enviando un estremecimiento de consciencia por su espina dorsal.
Inclinó su oscura cabeza hacia ella, un movimiento lento y casi seductor. El corazón le atronaba en los oídos mientras la boca esculpida de él se acercaba más a la de ella. Un susurro, no más. Hipnotizada, solo podía mirarle, esperando, olvidando respirar. Bruscamente, él volvió la cabeza hacia el pequeño grupo de casas.
Juliette vio dos hombres moviéndose hacia ellos, caminando directamente como siguiendo un camino, aunque atravesaban una zona de densos arbustos. Tampoco hablaban, ni miraban a derecha o izquierda. Ni parecían ser conscientes de que estaban cerca de la jungla donde acechaban depredadores. Juliette inclinó la cabeza hacia atrás. Cayó de nuevo contra el pecho de él, demasiado pesada para mantenerla en alto por su cuenta. Los brazos de él se tensaron, manteniéndola incluso más cerca para que el calor de su cuerpo rezumara en el frío de el.
Solo podía quedarse allí impotente mientras las dos víctimas se acercaban más y más. Había una inmovilidad en su captor, el acecho de una serpiente. Le sintió reunir fuerzas, conteniéndola mientras su presa se acercaba más. Los dos hombres caminaban directamente hacia él como atraídos, como programados. Un estremecimiento la recorrió cuando uno de ellos inclinó la cabeza hacia atrás, exponiendo su garganta. Su captor inclinó la cabeza al mismo tiempo, sin prisas, casi de manera casual, y hundió los colmillos profundamente y bebió.
El corazón de Juliette palpitó frenéticamente, la adrenalina corrió través de su corriente sanguínea. No pueden sentir. No tienen miedo,
¿Por qué deberías tener tú miedo por ellos? No les estoy haciendo daño. Siempre olvidas respirar. Su melódica voz escondía el más débil indicio de diversión, una intimidad que le robó el aliento.
Su cuerpo entero se tensó, un calor abrasador la tocaba en ciertos lugares como el roce de unos dedos. El aliento se le quedó atascado en la garganta. Él era peligroso, mucho más de lo que había pensado al principio. Su voz era un arma, una herramienta de seducción. Y era susceptible a su boca sensual, a sus ojos ardientes y su voz de terciopelo.
Juliette forzó a la energía a entrar en su cuerpo, utilizando su miedo, su adrenalina y la distracción momentánea de él mientras se alimentaba. Intentó zafarse de sus brazos, utilizando la súbita oleada de terror. El brazo de él permaneció a su alrededor como una trampa de acero, inmóvil, casi como si no sintiera su resistencia.
Riordan permitió que el primer humano se sentara en el suelo, tambaleándose débilmente, y se extendió hacia el segundo. Necesitaba sangre fresca para reemplazar la enorme pérdida que había sufrido a través de su confinamiento y tortura dentro de las paredes del laboratorio. Con la infusión de sangre, esperaba sanar lo suficiente para empezar a restaurar su cuerpo a pleno poder. Con poder renovado y sin las constantes cargas eléctricas para estimular el veneno artificial podía ser capaz de eliminar la sustancia de su sistema.
Cuidadosamente, ayudó al segundo humano a sentarse en el suelo, reteniendo la posesión de la mujer sujetando su cuerpo cerca del de él.
La sentía. Cada centímetro, cada curva. Su piel era increíblemente suave. Inclinó la cabeza hacia la espesa mata de fluido pelo, inhalando la fragancia de ella. Requirió una tremenda cantidad de autocontrol no enterrar la cara en las sedosas hebras.
Estaba muy asustada, el miedo la abrumaba a pesar del hecho de que había intentado consolarla. Sus patrones cerebrales eran diferentes, los más difíciles que había encontrado nunca. Le cogió la barbilla firmemente en la mano y le inclinó la cabeza hacia atrás para que sus extraños ojos se vieran obligados encontrar su mirada. Sus ojos tenían forma de ojos de gatos, de un color profundamente turquesa, y podía decir por sus pupilas que tenía una excelente visión nocturna. Sus pestañas eran largas y del mismo color negro que su pelo. La miró fijamente a los ojos, una simple técnica hipnótica que debería haberla calmado instantáneamente, pero a pesar de eso podía oír el ritmo frenético de su corazón acelerándose.
- Me has rescatado. Gracias. - Dijo suavemente, gentilmente, una compulsión enterrada en los tonos plateados de su voz.
Juliette intentó desesperadamente reunir fuerzas. Sus piernas estaban muy pesadas, sus brazos todavía plomizos. Él era la única cosa que la mantenía en pie. Estaba mareada, y cada vez que mirada a sus ojos negros se sentía como si estuviera cayendo hacia adelante. Parpadeó rápidamente, intentando encontrar una forma de recobrar su habilidad de pensar con claridad.
- ¿Qué me pasa? - Su boca estaba seca y su voz sonaba lejana a sus propios oídos.
- Tomé demasiada de tu sangre. - Respondió él suavemente, honestamente. - Era la única forma de poder escapar de ese agujero infernal. No hay necesidad de temerme, reemplazaré lo que se perdió. - Sus brazos se apretaron posesivamente.
Juliette le empujó ineficazmente.
- Simplemente aléjate. No quiero que reemplaces nada en absoluto.
- Soy Riordan, tu compañero. He estado buscándote largos años.
- Eres una especie de chupasangre o algo así y solo quiero que le largues. - Juliette casi se hundió entre los arbustos, pero él la levantó, evitando que cayera. Eso la molestó que él tuviera tanta fuerza cuando había sido tan brutalmente torturado. Con o sin sangre, debería haber estado tan débil como un gatito. Su pelo seguía mostrando largas y agujas marcas de quemaduras, casi como si las cadenas que le sujetaban hubieran estado hechas de ácido. - Tienes que cuidar de esas heridas. Se infectarán en la jungla. No puedes detener ninguna herida abierta en absoluto. - El hecho de que le importara no tenía sentido. Solo quería que se largara. Él la acunó como si fuera un niña colgando débilmente entre sus brazos, la cabeza le caía hacia atrás. Era muy consciente de su garganta, tan vulnerable a sus afilados dientes.
Riordan bajó la mirada a sus peculiares ojos, buscando en su mente una forma de calmar sus temores. Oyó un gruñido bajo llegando del interior oscurecido no muy lejos de ellos. Reaccionó. Ella intentó que no, pero hubo júbilo, apresuradamente suprimido en su mente, y el cuerpo se le tensó durante el más breve de los momentos. Sintió la respuesta empezando en la mente de ella, ya estaba sintonizado con ella y no había compartido su sangre aún. Tomó aliento. Antes de que ella pudiera pronunciar un sonido su mano le rodeó la garganta. La mirada aterrorizada saltó hacia la de él. Riordan sacudió la cabeza.
Permanecerás en silencio. Ni mataré a cualquier que venga en tu ayuda. ¿Entendido?
Juliette asintió. No entendía la tremenda conexión entre ellos. Sentía lo que sentía él. Casi podía ver los negros y volcánicos pensamientos arremolinándose en su mente para igualar la oscura violencia que se agitaba en su estómago. La asustaba de una forma que no tenía nada que ver con sus dientes y sus evidentes habilidades. Hacía mucho tiempo había oído rumores de otra raza de seres, y sospechaba que él era uno de esos seres. Cárpatos. Casi inmortales. Cazadores del vampiro, guardianes de muchas especies, aunque siempre solos, siempre apartados. Sabía poco sobre ellos, solo que eran extremadamente peligrosos para su propia raza.
No había matando a ninguno de los hombres de los que se había alimentado, incluso con la negra furia agitándose en su estómago y la terrible necesidad de venganza golpeándole. Debería haber temido por su vida, pero era algo completamente diferente lo que la asustaba.
La forma en que la mirada era enteramente depredadora. Enteramente sexual. Enteramente posesiva. Y todo su ser respondía con calor, fuego y una secreta pertenencia y sorprendido terror.
Riordan permitió que su mano se deslizara lejos de la garganta de ella. Se inclinó para colocar la boca junto a su oído, aunque cuando habló utilizó la comunicación telepática en vez de hablar en voz alta. Estoy llevándote lejos de este lugar. Los cazadores sabrán que estoy débil. Debo librar mi cuerpo de sus toxinas antes de poder atenderte. Cierra los ojos si viajar a través del aire te atemoriza.
Tú me atemorizas. Déjame aquí.
Él dejó escapar un sonido. No en voz alta, sino profundamente en su mente... un resoplido de risa. Su cara era una máscara implacable, líneas de debilidad y dolor estaba profundamente grabado en ella. Si hubiera podido hacerlo, Juliette habría tocada esas pequeñas línea con dedos gentiles. Quería borrar esa mirada de vacía soledad de su cara para siempre.
Solo temes haber perdido tu libertad. No temes que te haga daño. Sientes mi deseo por ti, no finjas que no.
Juliette vio vueltas a las palabras en su mente. Él podía leerla tan claramente como pretendía, lo que era buena cosa. La estaba despedazando, un extraño, un demonio por lo que sabía, pero algo profundo, femenino y animal respondía a él con cada fibra de su ser.
Observó la tierra alejarse, las nubes blanquearse y la niebla formándose a su alrededor. Bajo ella la copa de los árboles parecía intacta e impenetrable. Él conocía la jungla casi tan bien como el. Tenía una especie de meta en mente. Ella raramente abandonaba su parte del bosque para explorar más profundamente las áreas más montañosas, peros sabía que era allí a donde la estaba llevando. Estaría a cientos de millas de su hogar, quizás más. Juliette abrazó sus secretos. Solo necesitaba encontrar fuerzas, seguir adelante con lo que fuera que él quisiera hasta ser capaz de hacer su escapada.
La risa fue baja y sin humor. No estoy de humor para perseguirte por el bosque.
Qué buena noticia. Levantó la mirada a la cara masculina. Parecía un hombre, no un muchacho, alguien que podía ser aterrador, incluso un poco cruel si tuviera que serlo. ¿Por qué se sentiría ni remotamente atraída por un hombre semejante? Era imposible, pero no podía mirarle sin sentir los efectos.
Quizás deberías tenerme miedo. Sonaba más cansado que sarcástico. ¿Vas a decirme tu nombre?
Intentó pensar con claridad, intentó recordar las viejas leyendas contadas alrededor de las fogatas de campamento, contadas por la gente de su madre sobre tal raza. ¿Darle su nombre le daría más poder sobre ella? No podía recabar sus pensamientos a través de la neblina de su mente lo bastante rápido.
Creo que es esencial saber tu nombre. ¿Vas a darme alguno por el que llamarte o debo inventármelo?
Juliette. Mi nombre es Juliette. No quería que la llamara con su voz hipnotizadora por algún apodo que pudiera llegar creerse. En cualquier caso, no podía imaginarle teniendo mucho más poder sobre ella del que ya tenía.
El trueno rodó sobre sus cabezas, propagándose a través de las nubes haciendo que las ramas de los árboles bajo ellos se sacudieran y el espacio a través del que viajaran vibrara con alarma. Juliette sintió el cuerpo de Riordan sacudirse. Se aferró a sus brazos.
No te dejaré caer, estamos siendo perseguidos por el no-muerto.
No me gusta como suena eso. Si solo no estuviera tan débil. No tenía un arma, nada en absoluto que pudiera ayudar. ¿El no-muerto es lo que estoy pensando?
No me atraparán dos veces. Había tal resolución en su voz que se estremeció. Y si, es un vampiro lo que nos rastrea.
¿Cómo nos rastrea? Estamos dejando un rastro.
Huele mi sangre. Su voz fue sombría.
Juliette guardó silencio, presintiendo que Riordan estaba cansándose con el esfuerzo que estaba haciendo. Su estómago saltó cuando él se dejó caer inesperadamente hacia el suelo de abajo. La copa de los árboles era espesa y las hojas los abofetearon mientras se zambullían a través de ellas, rozando ramas y precipitándose hacia el suelo a tal velocidad que pensó que se estrellarían. Mantuvo los ojos firmemente cerrados y solo la idea de un vampiro a la escucha evitó que gritara.
De repente estaban flotando, deteniéndose a medio camino. Riordan colocó a Juliette sobre el suelo, de espaldas contra un árbol. Ella tenía los ojos abiertos de par en par con horror mientras él se miraba las manos, una de sus uñas creció hasta una longitud que pareció letal. A
Juliette le fallaron las piernas ahogando un jadeo cuando él desgarró un largo corte en su propia muñeca. Goteó sangre, arrojó gotitas en todas direcciones y formó un torrente con asombrosa velocidad, serpenteando a través de los árboles, propagando el olor a lo largo de hojas y arbustos a una gran distancia.
Juliette contuvo el aliento durante un largo momento, esperando hasta estar segura de estar sola. Por alguna razón, Riordan la sorprendió abandonándola para el vampiro. Estaba claramente utilizándola como cebo. Se arrastró hasta ponerse en pie. Vaya con los héroes sexys y amenazadores. Obviamente más torturado y menos heroico.
- Quizás ni siquiera eres sexy en absoluto después de todo. - Masculló en voz alta, furiosa de que la hubiera dejado. Sus piernas eran inestables y estaba mareada, el suelo se inclinaba y ondeaba. No importaba. No iba a esperar a que el vampiro descendiera de las nubes y encontrara una víctima indefensa. Aunque tuviera que arrastrarse, encontraría una forma de escapar. Soltó el árbol y dio un par de pasos tentativos. El suelo subió rápidamente para encontrarla. Antes de golpearlo, una brazo fuerte le rodeó la cintura y fue arrastrada hacia arriba contra el cuerpo duro de Riordan

Aclaracion-Disclaimer

La Saga Serie Oscura, es propiedad de la talentosa Christine Feehan.
Este espacio esta creado con el único fin de hacer llegar los primeros capítulos de estas magnificas obras a todos ustedes que visitan el blog. Lamentablemente, en latinoamericano muchos de estos maravillosos ejemplares, no estan al alcance de todos.
Si tienes la posibilidad de conseguir estas historias en tu pais, apoya el trabajo de Christine y compra sus libros. Es la unica manera de que se continue con la publicacion de los mismos.
Gracias por su visita
Mary