Un Ritual lleno de Pasion y Amor

"Te reclamo como mi compañera. Te pertenezco. Te ofrezco mi vida. Te doy mi protección, mi fidelidad, mi corazón, mi alma y mi cuerpo. Tu vida, tu felicidad y tu bienestar serán lo más preciado y estarán por encima de todo siempre. Eres mi compañera, unida a mí para toda la eternidad y siempre bajo mi cuidado”



domingo, 15 de mayo de 2011

HAMBRE OSCURA/CAPITULO 5


CAPITULO 5

JULIETTE se levantó el pelo de la nuca y lavó el sudor que brillaba en su cuerpo. Hacía mucho calor y la ropa se le pegaba a la piel. El reflejo de la luna en la profunda charca brillaba con fresca invitación. Lentamente se desabotonó la blusa y permitió que le cayera hasta los codos.
El aliento de Riordan se quedó atascado en sus pulmones. Ella se la sacó por encima y la lanzó a aterrizar sobre un gran helecho que crecía más allá de las rocas. Juliette sumergió la mano en la fresca charca y vertió el agua por el valle entre sus pechos. Tiró la cabeza hacia atrás y sus pechos saltaron hacia adelante, altos, firmes y seductores a la luz de la luna. Su cuerpo no era el de una muchachita, sino el de una mujer, con generosas curvas en las que un hombre podría perderse.
Parecía una tentadora de la noche, una hada de los bosques, casi insustancial mientras el agua corría hacia abajo por su suave y atractiva piel hasta su estómago y más abajo aún, desapareciendo bajo la tela oscurecida de sus vaqueros.
El cuerpo de Riordan se tenso con un duro y doloroso dolor solo de mirarla. Las manos eran graciosas mientras se sacaba los horquillas les pelo y la gruesa trenza se desplomaba por debajo de su cintura. Había algo terriblemente sensual en una mujer soltándose el pelo, decidió Riordan. Le ardía el pecho por la tensión, sus pulmones ardían buscando aire. El pelo de ella flotaba libre, una manos de seda negro azulada que anhelaba aplastar entre sus dedos, en la que anhelaba enterrar la cara.
Ella se agachó sobre la charca, tirándose agua a la cara. Gotas corrieron hacia abajo por su garganta, bajando por la cremosa plenitud de sus pechos, y yaciendo sobre su piel esperando ser lamidas. Riordan cambió su peso en un intento de aliviar la tensión de su ropa. No se atrevía a advertirla de que no estaba sola: intentaría huir de él, y era necesario averiguar los secretos que guardaba bajo llave lejos de él.
Una ligera brisa manoseó las hojas de los árboles haciendo que brillaran de plata y negro en la noche. Su fragancia era madura femenina, un atractivo en sí mismo. Sintió un gruñido alzarse por su garganta, la bestia rugía en busca de libertad.
La tentación era un mujer refrescando el calor de su cuerpo allí en la charca a luz de la luna. Riordan hundió las uñas profundamente en la rama para evitar ir hacia ella. Cada movimiento que hacía era una seducción. ¿Y qué demonios estaba haciendo caminando por ahí medio desnudan totalmente sola donde cualquier depredador podría toparse con ella?
Juliette se levó con su sensual y arrostra gracia, sus pechos balanceándose al compás del seductor movimiento de sus caderas. No podía apartar su hambrienta mirada de ella. El honor y el comportamiento caballeroso estaban completamente sobrepasados por la actitud posesiva. Era su compañera. Le pertenecía. Su cuerpo lujurioso era todo lo que alguna vez podía haber deseado. Quería empezar por la coronilla de su cabeza y besas hacia abajo hasta sus pies, demorándose en cada intrigante sombra y hueco a lo largo del camino. Su mirada de entrecerró mientras la veía mirar alrededor, escudriñando los árboles y arbustos antes de dirigirse a la roca más alta. Alzó la cara al aire y olisqueó, como si oliera el viento. Aparentemente satisfecha de estar sola, retrocedió hasta el borde de la charca, sus manos fueron hasta la cremallera de los vaqueros.
Riordan se mordió con dureza el labio inferior, esperando que el dolor le distrajera. No habría podido apartar la mirada ni aunque su vida dependiera de ello. Ella se quitó los vaqueros. La humedad era alta y la tela se aferraba a su piel, así que tuvo retorcerse y oscilar para conseguir que le pasaran las caderas y bajaran sus muslos. Los pechos bailotearon invitadoramente mientras hacía la pequeña danza para librarse de las ropas. Apretados rizos oscuros formaban una uve hacia la conjunción de sus piernas, una flecha tentadora para atraer su atención. Al momento captó la fragancia femenina, la llamada de la mujer al hombre. El cuerpo de ella estaba ardiendo, captando el fuego de sus pensamientos. Estaba difundiendo su hambre demasiado ruidosamente.
Juliette era muy susceptible a sus necesidades. Oscuros anhelos le devoraban, endureciendo su cuerpo y enviando imágenes eróticas a juguetear con su cerebro. Ella estaba esperándole, su cuerpo abierto para el de él, anhelándole con la misma terrible necesidad que nunca podría ser apaciguada. Cerró los ojos y pensó en como se sentiría enterrarse en su acogedora vaina, ardiente, apretada y húmeda, resbaladiza de deseo por él.
Juliette dejó escapar un solo sonido de desasosiego cuando su cuerpo reaccionó a las oleadas de deseo sexual, a la lujuria e se alzaba en él, lujuria que ella había ayudado a crear con sus flagrantes fantasías. Riordan la bebió en los ojos entrecerrados, los párpados cerrados y el cuerpo ardiendo. Quería ver las manos de ella viajando sobre la suave piel, tomando el camino que sus propias manos tomarían. Muslos arriba, sobre su estómago redondeado, su estrecho torso para acunar el peso de los pechos en sus palmas. Deseaba sus pulgares jugueteando y pellizcando los oscuros pezones, llevándolos a un caliente pináculo en anticipación de su boca que los succionaría con fuerza.
Ya podía saborearla, sentir el suave montículo de su carne en la boca. Necesitaba apoyar la cabeza allí, pasar la noche prodigando atenciones a cada pecho, a los oscuros e invitadores pezones, pero no era suficiente. Deseaba sentir lo caliente que estaba ella. Lo húmedo. Cuando necesitaba su cuerpo profundamente en su interior. Sentía en las palmas una comezón por sentir sus muslos, suaves y redondeados con músculos firmes. Deslizaría sus palmas hacia arriba, sintiendo el calor de su entrado antes de ensanchar su postura, deseando sus piernas abiertas a él. Gentilmente deslizaría un dedo profundamente dentro de ella. Ya sentía el calor feroz, resbaladizo y húmedo, y eso casi detuvo su corazón. Quería más.
Quería sentir su cuerpo apretando y sujetando, tirando firmemente a su alrededor.
No podía soportar la sensación de su ropa otro momento y se libró de ellas fácilmente con un solo pensamiento a la manera de su gente. La pequeña brisa acarició instantáneamente su cuerpo, tocándole por todas partes, añadiéndose a su sensibilidad. Deseaba los dedos de ella envolviéndose alrededor de su dura longitud. Su erección era completa, pesada e implacable, un pulsante y latente dolor que apenas podía soportar.
Demonios, ¿qué me estás haciendo? La voz de ella fue jadeante en su mente. Ronca. Sexy. Cargada de un deseo elemental.
Demonios tú. Mi cuerpo está ardiendo. Deseo tu boca en mí. Deseo estar dentro de ti. No quiero ilusiones. Tu testarudez nos va a matar a ambos.
Juliette nunca había sentido una lujuria tan insoportable. Se alzaba de las mismas profundidades de su ser y la consumía.
Siempre había sabido que había pasión en su interior. El calor de la jungla la hacía sentir sensual cuando otros lo encontraban opresivo. Con frecuencia se sentía sexy, e incluso seductora alrededor de los hombres, pero nunca había sentido semejante calor creciente. Era incómoda e inquietante, una extraña presión que exigía alivio urgente. Le dolían los pechos por la sensación de la boca de él. No quería un amante gentil, quería que él sintiera el mismo fuego lento, la misma peligrosa pasión que fluía en ella. Deseaba una unión explosiva, su cuerpo duro entrando profunda e implacablemente en ella. Sentía una comezón, un ardor y un hambre y no había alivio, no importaba lo que hiciera.
¿Estás cerca de mi? No pudo enviar la invitación en su voz. Miró a su alrededor, incitándole inconscientemente con su cuerpo.
Estiró los brazos sobre su cabeza, girando lentamente en un círculo. Sabía que tenía un cuerpo hermoso y deseaba que él lo viera. Él le había hecho esto, colocarla en este terrible estado de pasión, y era su cuestión suya apaciguar su imparable lujuria.
Estoy observándote. ¿Puedes sentir mis ojos sobe ti? Eres hermoso. Tócate a ti misma para mí.
Había seducción en su voz. Una orden ronroneante, una promesa de exactamente lo que ella necesitaba. Sexo ardiente, elemental. Un amante feroz que saciaría su apasionada necesidad. Juliette volvió la cabeza para que su pelo sedoso volara a su alrededor como una capa, colocándose sobre sus hombros y cuerpo, deslizándose sobre su piel sensible. Sintió su mirada ardiente quemando sobre ella y sonrió.
Estoy mucho más caliente de lo que puedes imaginar. Estoy resbaladiza y húmeda, goteando por ti. Se lamió los dedos, un lento y deliberado rizo de su lengua antes de chupar su propio jugo de los dedos. Me consumo en llamas. ¿Solo vas a observarme toda la noche o vas a hacer algo al respecto? Juliette nunca había sido tan atrevida en su vida, pero nunca había sentido una presión tan intensa. Estaba furiosa con él por hacerla perder tanto el control, y si ella estaba fuera de control, estaba decidida a que el sintiera lo misma. Y le deseaba justo allí, ahora mismo, y no le importaba que lo supiera.
Riordan no esperó una segunda invitación. Flotó a través del cielo hacia la charca, tomando tierra detrás de el. Tenía un espalda preciosa y un perfecto y redondeado trasero. Sus manos se deslizaron sobre la curva de sus caderas, puramente posesivas, y la atrajo rudamente contra él, deseando que sintiera la gruesa y dura longitud de su erección presionando firmemente contra su trasero.
La respiración se atascó en sus pulmones y un fluido caliente se apresuró a acumularse entre sus piernas. Los dientes de él se deslizaron por su cuello, su hombro, y las manos se deslizaron hacia arriba para cunar sus pechos doloridos. El suave peso llenaba sus palmas, los pulgares se deslizaban sobre sus tensos pezones, rozando caricias.
- Nunca pensé que te encontraría. Pasé siglos sin esperanza, y llegaste a mí en mi hora más oscura. - Sus labios vagaron hacia arriba por el cuello de ella hasta el oído, susurrando palabras mientras sus caderas empujaban dentro de ella, rozando para intentar, sin éxito, aliviar algo de la presión.
Su toque hizo que cada terminación nerviosa gritara pidiendo alivio.
- Te encontré. - Juliette no reconoció su propia voz. Temblaba de deseo. El cuerpo de él lo era todo para ella, su mente empujaba profundamente en el interior de la suya, aumentando el placer ante su toque, compartiendo su pasión, la intensidad de su deseo hasta que no pudo decir donde empezaba el suyo y terminaba el de él. - No puedo esperar más. Te quiero dentro de mí.
Las manos de él se deslizaron entre sus piernas, sintiendo su húmeda bienvenida. Ella casi sollozó de placer, empujando contra su mano. Su brazo se echó hacia atrás, rodeándole el cuello, atrayendo su cabeza para poder encontrar su boca, ahogándose en sus besos, devorándole, sus dientes mordisqueándole los labios, su lengua luchando y danzando salvajemente con la de él.
- Te necesito dentro de mí, Riordan. Voy a consumirme en llamas si no te apresuras.
Él le mordió salvajemente la boca, el cuello, doblándola hacia atrás para poder llegar a sus pechos. Había fantaseado sobre sus pechos durante tanto tiempo que no podía soportar el no saborearlos, atrayéndola a su boca, succionando con fuerza, mientras sus caderas empujaron frenéticamente contra sus tentadoras nalgas.
Ella gritó ante el empuje de su boca, enterró las manos en su pelo, aferrándole la cabeza mientras le devoraba el pecho.
Cada tirón de su boca enviaba una húmedo y caliente pulsación a través de su cuerpo y goteando hacia abajo por su pierna.
Sus gritos casi le llevaron más allá del límite. Inclinó el cuerpo de ella hacia adelante, plantando las manos de ella sobre la roca mientras empujaba sus dedos profundamente en ella para comprobar su disponibilidad. Ella empujó contra su mano, montándola, encorvándose, sollozando porque entrara en ella.
Le capturó las caderas y la sostuvo, bajando la mirada a su hermoso cuerpo. Su compañera. Atrevida, sexy... todo lo que podía haber deseado nunca. Llorando por él. Suplicando que la tomara, que los uniera. Exigiendo que la tomara. Estaba tan duro que pensó que podría hacerse pedazos. Se introdujo en su resbaladiza humedad, una largo estocada que sintió como si le estallara la cabeza. El fuego corrió a toda velocidad hacia arriba por su pene, esparciéndose por su cuerpo, una erupción volcánica que alcanzó todo hasta los dedos de sus pies.
El cuerpo de Juliette era apretado y aferraba el suyo cuando se retiró haciéndole estremecerse de placer. Ella sollozó de nuevo, empujando ansiosamente hacia atrás mientras él empujaba hacia adelante. Era largo y grueso, y se conducía a través de sus suaves pliegues en una dulce tortura.
- ¿Va todo bien? - Él era tan largo y ella se sentía tan pequeña. La presionó hacia adelante, ajustando sus posiciones para que ella pudiera tomar más de él. - Quiero que todo yo esté dentro de ti.
- Yo quiero hasta el último trozo de ti en mí también. - Respondió Juliette. - ¿Puedes sentir lo que yo siento? Más duro. Más rápido. Necesito que te vuelvas loco, porque yo me siento loca. - Y era cierto. Se sentía salvaje, caliente, sensual y le deseaba fuera de control e introduciéndose en ella con todo lo que era. Vertiendo su corazón, su alma y su misma esencia dentro de ella. - Más, quiero más.
Juliette se abandonó al salvaje latido. Cada dura estocada enviaba vibraciones de puro placer apresurándose a través de su cuerpo. Cada célula, cada terminación nerviosa, cada diminuta parte de ella ardía y relampagueaba. Sus pechos dolían y se balanceaban con cada empuje, su pelo rozaba la tierra y los sedosos mechones le caían en la cara. Su cuerpo estaba caliente y sudoroso y explotaba de éxtasis. Le llevó con ella sobre el límite, sus músculos apretándose alrededor de su gruesa erección y drenando hasta la última gota de su semilla.
Para Juliette ese no era el fin, su cuerpo se estremecí con temblores secundarios, colores explotaban detrás de sus ojos y fuegos artificiales se apagaban en su mente. No quería que se él moviera, quería saborear sus cuerpos unidos. Él era magnífico, largo, grueso y más de lo que posiblemente hubiera imaginado.
Riordan se deslizó fuera del cuerpo de ella a regañadientes. Cuando ella dejó escapar un suave sonido de protesta la atrajo de vuelta a sus brazos.
- Tenemos tiempo. Todo el tiempo del mundo, y quiero tocarte. Adoro besarlo. - Sus manos se deslizaron sobre los pechos, moviéndose hacia arriba para enmarcarle la cara. - Y me muero por saborearte. Quiero traerte más completamente a mi mundo.
Ella volvió la cara hacia arriba para frotarla contra su garganta.
- ¿Sabes qué soy? - Besó el hueco de su garganta, sus manos se deslizaron posesivamente sobre el cuerpo de él.
Acariciando el estómago plano y besando un rastro a lo largo de su pecho. Sus manos le acariciaron el pene, dando forma, jugueteando y memorizando la larga línea de él. - Soy un jaguar. Una cambiante. ¿Estas seguro de que soy lo que quieres?
Riordan le respondió de la única forma que podía. Su cuerpo estaba sensible y reaccionó con más demandas. Sus incisivos se alargaron cuando lo hizo su pene. Inclinó la cabeza y enterró los dientes en el pulso que latía con fuerza en el cuello de ella.
Juliette gritó, echó la cabeza hacia atrás y le rodeó el cuello con los brazos, presionando su cuerpo más cerca del de él. No había utilizado la lengua para prepararla para la sorpresa de la conexión, pero Juliette sintió solo una especie de calor ardiente atravesando su riego sanguíneo, una especie de látigo de relámpago castigando cada terminación nerviosa hasta llevarla a un frenesí sexual.
Él la sostuvo posesivamente, sus manos tiernas, pero exigentes, moviéndola para que las puntas de sus pechos rozaran contra su propio pecho y su pelo quedara fuera de camino. Así su pene presionó contra el suave estómago. Sabes como una fruta exótica, picante, especiada y ardiente. Me pregunto a que sabrás cuando me arrastre entre sus piernas y me bebe a mí mismo allí.
El cuerpo entera de Juliette se tensó. Cerró los ojos y se presionó más contra él. Lo deseaba todo de él, con él. Lo quería todo.
La lengua barrió a través de los pinchazos de su cuello. Sus manos le rodearon la garganta, sus pulgares le inclinaron la cara hacia arriba para que se viera forzada a mirarle a los ojos. Comprueba mi sabor. Exigió con una voz ronroneando y aterciopelada, tan hipnotizadora que ella medio cayó en un sueño. Riordan abrió una línea con una uña afilada, capturándole la nuca con la palma de la mano y presionándole la cara hacia adelante hasta que su boca estuvo presionando los pesados músculos de su pechos, justo sobre su corazón. Ella podía sentirlo latir, acelerarse mientras sus labios se movían sobre la piel, mientras atraía el oscuro don su cuerpo.
La sacó de su hechizo cuando hubo tomado lo suficiente para su segundo intercambio, su boca capturó la de ella. Podía besarla para siempre, una y otra vez y nunca tener suficiente. Sus bocas se aferraban, sus lenguas se enredaban salvajemente. Bruscamente él se separó, frunciéndole el ceño. Había una peligrosa amenaza en su ardiente mirad.
- ¿Qué?
- No me vengas con qué. Estabas pensando en otro hombre.
Juliette se pasó la lengua sobre el labio inferior.
- No estaba pensando en otro hombre. Simplemente pensaba que nunca había estado con un hombre tan sexy como tú.
Hay una diferencia.
La mano de él le rodeó el brazo desnudo, tirando para acercarla a él.
- Has estado con otro hombre.
- Los jaguares somos criaturas sexuales, Riordan. Necesitamos sexo a veces. - Se inclinó hacia adelante y le lamió el pecho, justo sobre el corazón. - ¿Por qué debería molestarte eso?
- Juliette, estamos unidos. Lo sabría si tuvieras sexo con otro hombre. No podrías ocultármelo.
- No intentaría ocultártelo. - Empujó la pared de su pecho pero era una roca, y ni siquiera con su fuerza inusual pudo moverle.
- Le mataría.
- ¿Por qué le matarías? No es él el que está unido ti.
- Exactamente. - Riordan se volvió alejándose de ella, una negra furia que no entendía lo envolvía. Para enfriarse, se medió en la charca y volvió la mirada hacia ella. En pie allí con la luz de la luna derramándose sobre su cuerpo lujurioso, su expresión era una mezcla de diversión y exasperación. Era tan hermosa que le hacía daño solo el mirarla. - No soy humano,
Juliette y no puedes pensar ni por un momento que lo soy. Soy un depredador y protegeré lo que es mío.
- ¿He dicho yo que deseara a otro hombre? ¡No! Estaba pensando que ningún otro podía compararse a ti. No estaba pensando que deseara nadie más. ¿Como podría, después de lo que hemos compartido? ¿Vas a comportarte como un idiota y ponerte celoso todo el tiempo? Eso podría volverme loca.
Él se metió bajo el agua para enjuagar el calor de su piel. Se puso en piel, el agua lamiendo sus caderas.
- Ven aquí.
- No me has contestado.
Él suspiró.
- Si, me voy a comportar como un idiota y ponerme celoso todo el tiempo. La idea de otro hombre tocándote, haciéndote el amor, me hace desear arrancarle el corazón.
- Bueno. - Juliette sonrió y se acercó a él. - Yo querría arrancarle el corazón a cualquier mujer que intentara seducirte. – Se extendió hacia él, inclinando hacia arriba la cara en busca de su beso abrasador. - Ambos tendremos que esforzarnos para no ser idiotas celosos. No puedo imaginarme deseando a nadie más cuando te tengo a ti.
- No me importaría quisieras seducirme. - La besó de nuevo, largos y adictivos besos.
- Qué suerte para mí. - Se inclinó y golpeó el agua con la mano, enviando una salpicadura que le remojó a fondo. Riendo, se zambulló lejos de él, nadando bajo el agua hasta el centro del estanque.

Aclaracion-Disclaimer

La Saga Serie Oscura, es propiedad de la talentosa Christine Feehan.
Este espacio esta creado con el único fin de hacer llegar los primeros capítulos de estas magnificas obras a todos ustedes que visitan el blog. Lamentablemente, en latinoamericano muchos de estos maravillosos ejemplares, no estan al alcance de todos.
Si tienes la posibilidad de conseguir estas historias en tu pais, apoya el trabajo de Christine y compra sus libros. Es la unica manera de que se continue con la publicacion de los mismos.
Gracias por su visita
Mary